martes, 20 de octubre de 2015



5 de enero de 2013
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni
Darío versus Martí
Manuel Aragón Buitrago | Opinión

Escuchemos el discordante juicio que de los negros hace el argentino Damián Lan, calificado por Darío de “estimado escritor”: “Y no he visto, ya que de audacias hablo, nada más atrevido que el negro americano. ¡Ah los negros! Son el terror de los turistas y la sombra nefasta de sus compatriotas blancos. La negrada es un problema social en los Estados Unidos. Son aquí una familia de nueve millones de individuos perversos y despechados contra el blanco, que les ha tratado siempre con rigor, y por eso ha provocado en ellos un odio profundo que va sucediéndose de generación en generación como legado hereditario, y demuestra al blanco el más decidido desprecio. ¿Qué, mucho entonces que en la práctica la Ley Lynch subsista aquí todavía?”.

Una de cal y otra de arena, el señor Lan acusa y justifica. Oigamos al áspid francés Remy de Gourmont, según Darío “de sabia opinión”, escupir su veneno: “Hay pastores negros, hay curas negros, ¿qué hugonote francés, cuál de nuestros paisanos católicos, iría a confesarse, sin risa o sin asco, con ese ministro negro de su propia religión?”.

El tercer soporte de Darío es el brasileño doctor Roxo, que expone con “su sabia memoria”: “Después de haber estudiado en sus pormenores las perturbaciones mentales de los negros, es un hecho comprobado que la raza negra es inferior; en la evolución natural es retardataria, y mientras el cerebro de los negros no entre en un período de actividad creciente, será una utopía la nivelación de la razas”.

José Luis Pinillos, en su obra “La mente humana”, certifica: “En esencia el argumento empirista en pro de la igualdad de las razas humanas, puede resumirse así: en condiciones semejantes, los rendimientos intelectuales de todas las razas, son asimismo semejantes”.

Para purificar las mentes polucionadas de racismo dariano, citaré algunos ejemplos de talentos negros: Louis Armstrong, iniciador del jazz clásico, cantante, concertista y excelente trompetista; Josephine Baker, cantante, bailarina, actriz de cine y animadora de revistas; nacionalizada francesa, muere en París en 1975; Chloe Anthony Wolford Morrison, escritora, Premio Nobel 1993; Bárbara Hendricks, soprano nacionalizada sueca; ha actuado en los principales teatros de ópera, eminente concertista con un reparto que abarca desde el “lied” hasta la música contemporánea. Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz 1964, murió asesinado; Kwasi Kwarteng, actualmente miembro del Parlamento inglés. Hoy podemos ver a negros de ambos sexos integrando la Corte Internacional de Justicia de La Haya, y un negro, por primera vez en la historia del Brasil, nombrado este año (2012), Presidente de la Corte de Justicia.

En carta de Martí a la “Opinión Pública” de Montevideo, del 26 de agosto de 1889, denunciaba: “Lo de Lynch es toda seriedad, porque muestra la llaga que llevan en su corazón los que se alimentaron con sangre esclava y hoy viven como sobre carbones ardientes, rechazando con furia el aire negro, el amor negro, la ambición del negro; no hay día sin linchamiento de negros en los Estados Unidos del Sur; ya está donde no puede ser más la agonía del negro vencido. El negro que embruteció, que azotó, que crió en ira, se reproduce con la fecundidad de los infelices, que buscan en su mujer el goce y compañía que el hombre venturoso halla en más de una fuente, y no solo en la alcoba. El blanco del Sur, cuando ve que el negro se le iguala en lo real de la vida, lincha al negro”

He aquí frente a frente a Darío y su “ilustre comitiva”, y a Martí con su corazón ánfora de inagotable amor a sus semejantes, avergonzando a quien tuvo la osadía de llamarlo maestro. Los soportes de que se vale Darío para execrar a una raza, sin pensar que disminuyendo a otros hombres se disminuía a sí mismo, son moralmente comparables a los testigos de que se valieron los jueces atenienses para condenar a Sócrates.


* Escritor autodidacta.
Tel. 2268-9093


La raza de Cam.



22 de octubre de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni
La raza de Cam
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


En “La raza de Cam” de Darío, hay tres elementos constitutivos a debatir: el racismo, la esclavitud, y el derecho natural de un pueblo esclavizado a luchar por su libertad. En cuanto al racismo, ya Martí lo dijo claro: “Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad”.

Respecto a la esclavitud, ya en tiempos de Aristóteles (445-386 a. de C.) se debatía sobre su legalidad. Dice el estagirita: “Hay quienes pretenden que el poder del señor es contra naturaleza; que la ley es la que hace a los hombres libres o esclavos, no reconociendo la naturaleza ninguna diferencia entre ellos; y que la esclavitud es inicua, puesto que es obra de la violencia”

Cuenta Mark Twain: “En mis días de colegial no sentí prejuicio alguno contra la esclavitud, desde el púlpito nos enseñaban que Dios la aprobaba, que era algo sagrado, y quien dudase no tenía más que hojear la Biblia para esclarecer sus dudas”. En efecto, en el Evangelio de San Juan, 15.20, dice Jesucristo: “El siervo no es mayor que su señor”, y en la epístola a los Colosenses, 3.22, recomienda Paulo: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, con corazón sincero y temiendo a Dios”.

En el Prólogo a la obra de Franz Fanon “Los condenados de la tierra”, afirma Sartre: “El europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y monstruos”. Dice Nietzsche: “El animal de rapiña, la magnífica bestia rubia, vagabundea codiciosa de botín, de cuando en cuando tiene que salir fuera, necesita desahogarse, tiene que retornar a la selva”. Darío asevera: “Cuando le mueve su pasión, su interés o su conveniencia, la civilización europea es más bárbara que los bárbaros”.

Debido a su incurable ambivalencia, no puede creerse que haya sinceridad en Darío, ya que al siguiente día siempre desdijo lo que había dicho el día anterior. En la “Raza de Cam”, desata un alud de invectivas contra los esclavizados, y se deshace en una catarata grandilocuente de elogios a favor de los esclavizadores...

Para dar una idea de lo dramático de la esclavitud, citaré dos cortos relatos de Mark Twain que quizá sensibilicen el corazón de las damas que aún aman a Darío: “Teníamos un pequeño esclavo que alguien de Hannibal nos cedió en alquiler. Era de carácter jovial, inocente, bondadoso, armaba más bulla que nadie. Se pasaba el día entero cantando, silbando, gritando, voceando, riéndose, en fin, lo volvía a uno loco. Un día me puse furioso, fui donde mi madre y le dije que Sandy se había pasado una hora cantando, que por favor lo mandara callar. Sus ojos se llenaron de lágrimas, le temblaron los labios, y me dijo: <¡Pobre criatura! Si canta es porque no recuerda, y esto me consuela; pero cuando está callado, tengo miedo de que esté pensando, y eso no puedo soportarlo. No volverá a ver a su madre, si es capaz de cantar, no seré yo quien se lo prohíba, sino al contrario, se lo agradezco. Si tú fueses un poco mayor, comprenderías lo que te digo, y todo el ruido que hace ese niño, sin amigos, te llenaría de alegría >. Me lo dijo en un sentido muy llano, con palabras sencillas, pero me llegó al corazón, y ya no volvió a molestarme el alboroto que armaba Sandy”

En “Las aventuras de Huckleberry Finn”, Twain narra la dramática esperanza del negro Jim: “Jim hablaba en voz alta todo el tiempo, e iba diciendo que lo primero que haría al llegar a un Estado libre, sería ahorrar dinero, y que cuando hubiera ahorrado, compraría a su mujer, y que luego trabajarían los dos para comprar a sus dos hijos, y si el dueño se negase a venderlos, buscaría un abolicionista que los robara”.

El ser racista o esclavista, es moralmente reprochable, más aún en Darío que dijo: “Hemos de ser justos, hemos de ser buenos, hemos de embriagarnos de paz y de amor, y llevar el alma siempre a flor de labios y desnudo y limpio nuestro corazón”. Asegura Darío: “Triste don es el talento si nos sirve para atraernos el general desprecio o el odio”, y él mismo violó reiteradas veces su propio precepto.

* Escritor autodidacta

Tel. 2268-9093

Darío compara al pueblo con un caníbal



17 de septiembre de 2012

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni
Darío compara al pueblo con un caníbal

Manuel Aragón Buitrago | Opinión

Apreciado Dasgespenst, gracias por tus estimulantes frases, y como tú me lo pides, sigo cabalgando, aunque “un horizonte de perros ladre muy lejos del río”. A pesar de que “la luz del entendimiento me hace ser muy comedido”, no falta quien diga que ataco a Darío cobardemente pues no puede responder, pero tampoco puede agradecer a quienes le alaban tan alegremente.

Una de las recomendaciones de la ética aristotélica es “no hacer afrentas, no herir a nadie, no injuriar a otros. Cualquier hábito del alma suele orientar su naturaleza con arreglo a aquellas cosas que pueden ennoblecerla o degradarla”. Cervantes aconseja: “Cada uno mire cómo habla o cómo escribe de las personas, y no ponga a trochemoche lo primero que se le viene al magín. Enfrena la lengua, considera y rumia las palabras antes que te salgan de la boca”.

¿Desconoció Darío estas amonestaciones? Parece que sí. ¿De dónde le nació esa fobia, esa iracundia contra el pueblo con que echó baldón a su nombre? Parece que fue emulando a Horacio, porque si en algo se diferenció de escritores serios, fue en su notoria y confesa propensión a emular a quienes él consideraba “espíritus superiores”.

Escuchemos sus denuestos: “Masas populares cerradas e ignorantes, turbas de descamisados”. “No gusto mucho del contacto popular, la muchedumbre me es poco grata con su rudeza y por su higiene”. “He de estar siempre contra la avenida cenagosa, contra la oscura onda en que hierven todas las espumas del populacho, contra el odio de abajo. No soy un poeta para las muchedumbres”.

Oigamos lo que dice en su “Abrojo XXI”, quien nunca tuvo un centavo en un banco: “He aquí el coro que entonan los vagos y los mendigos: ¡Guerra a muerte a los banqueros que repletan sus bolsillos! Regla general: Los pobres son los que odian a los ricos”. Pero el colmo a que llega en un arrebato de “delirium tremens”, es cuando en “Historia de mis libros”, cuenta: “En A Roosevelt se preconizaba la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas imperialistas de los hombres del Norte; en la poesía siguiente se considera la poesía como un especial don divino y se señala el faro de la esperanza ante las amenazas de la baja democracia y la aterrorizadora igualdad”.

Corresponde a la poesía IX de “Cantos de Vida y Esperanza”, que en una de sus partes dice: “La insurrección de abajo tiende a los Excelentes. El caníbal codicia su tasajo con roja encía y afilados dientes”. No se necesita de mucha inteligencia para comprender quién es el caníbal y quiénes son los Excelentes.

En la antigua Roma, los amos solían tener un esclavo intendente llamado “lorarius”, conocido en Grecia como “nomenclator”. Pongamos atención a lo que en la obra del comediógrafo latino Plauto “Los cautivos”, les dice un “lorarius” a los otros esclavos: “Puesto que esta es la voluntad de los dioses, es necesario que os sometáis a vuestra desgracia. No hay otra manera de endulzarla. Sé que habéis sido de condición libre, pero puesto que habéis sido hechos prisioneros, haréis vuestra servidumbre más ligera al mostraros más sumisos a la voluntad del amo. Un amo que no se equivoca nunca: y hasta el mal que nos hace debemos encontrarlo bien”.

El amo Darío tiene también sus “lorarius” que a través del tiempo se han encargado de decir a los ingenuos que “él no se equivoca nunca”, y hasta sus insultos y alfilerazos que les endilga, deben recibirlos como dulces caricias y sentirse agradecidos, y son estas pobres criaturas que no piensan por cuenta propia, quienes ya por Internet, ya por la prensa escrita, alzan su feroz vocinglería en contra de quien desea liberarlos.

Pero el excelso andaluz Antonio Machado nos dice: “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”. Siempre habrá quienes les guste que les digan que hieden, que son ignorantes, que los desprecien, y que los traten de populacho, que son turbas descamisadas, que les llamen “caníbal”. Eso no habrá quien lo evite jamás.
Dice Darío: “Además del cerdo y el cisne que nos han adjudicado ciertos filósofos, tenemos el ángel”. Este decir del poeta oxigena mi cerebro y me ayuda a comprender que muchos escritos “son inspirados por el cerdo.”


Yo aconsejaría a quienes me critican leer la “Ética” de Aristóteles, “Las fuerzas morales” de José Ingenieros, y “Pedagogía del oprimido” de Paulo Freire. Quizá así podrían entrar en razón y aprender a tener un poco de autoestima, de amor propio, y guardarse sus insultos para quien les ofende, y no para quien los defiende.


*Escritor autodidacta. Te. 2268-9093

El veneno de las víboras.



10 de noviembre de 2012
O de serpientes que se muerden la cola
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

El veneno de las víboras
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


¿Quién es Cam? Uno de los hijos del bíblico Noé. Se especula ser el padre de la raza negra. ¿Quién tiene la culpa de que haya seres de diversos colores, como las florecillas del campo? Rebelarse contra esto, es hacerlo contra la naturaleza. ¿De dónde le nació a Darío ese visceral odio hacia la raza negra? porque la ataca con saña vesánica. Su artículo contiene un veneno más letal que el de la víbora más ponzoñosa, con el agravante de que esta es un animal que ataca por instinto defensivo, y Darío un ser inteligente, “Príncipe de las letras castellanas” y otros aditivos rimbombantes.

Cuando leo a Martí, Steinbeck, Sartre, y a otros defensores de una raza tan sufrida, siento alivio y paz en mi corazón, y veo con tristeza a Darío solitario en el sótano de la vileza, solamente acompañado de su patológica misantropía.

Si mis escritos contra lo inicuo contienen veneno, de Darío lo aprendí. Hay un veneno que mata y otro que cura. El suero antiofídico se elabora con veneno extraído de la víbora.
Rubén va a la guerra, pero no a una guerra de fusiles y cañones, sino a una en donde el arma ofensiva es el verbo, el logos, la palabra, como dijera Ortega y Gasset, pero el Príncipe de las Letras Castellanas se siente débil, no encuentra en su arsenal léxico, artillería pesada con que macerar a la raza negra, y entonces, hoza en el cieno de la literatura en busca de quienes, como él, están poseídos de pasión negrofóbica para que le acompañen en la aventura, y pronto los encuentra en las tinieblas del mundo infrahumano.

Son ellos, calificados por él: el argentino Damián Lan, “estimado escritor”; el ecuatoriano Juan Montalvo, “poderoso príncipe del estilo”; el brasileño doctor Roxo, “de sabia memoria”, y el francés Rémy de Gourmont (uno de sus dioses) “de sabia opinión”. Acompañado de esta falange se siente fortalecido y se lanza al ataque. Escuchemos sus diatribas:

“De Haití llegan a Francia malas nuevas. La macacada (monos) está furiosa. Las agitaciones haitianas coinciden con las amenazas que un doctor negro hace a la raza caucásica desde una de las principales revistas de París. Ese doctor negro es de los negros de los Estados Unidos, los más osados, los más audaces que pueden existir sobre la superficie de la tierra. El escritor negro de que hablo –un tal Tobías --, en un largo trabajo en pro de su raza, no puede manifestarse más altivo, más insolente. Como tiene sus letras y sus ciencias, se alza contra los amos, armado de ellas y proclama, no la igualdad, sino la superioridad intelectual y física. Dice: “Tenemos mucho más imaginación”. Y señala como síntoma de decadencia, los dientes cariados, y las cabezas calvas de muchos anglosajones, ante las bien provistas mandíbulas y las tupidas cabezas de los libertos de ébano. Estamos lejos del excelente Domingo de Robinson Crusoe, del famoso “Tío Tom” y de los gratos esclavos de las familias de la Colonia. El romanticismo lo hermoseó todo, hasta los negros. Víctor Hugo crea a Bug-Jargal, y Lamartine sublimiza a Toussaint-Louverture.

En realidad, es el heroísmo el que apenas salva al pobre hijo de Cam del ridículo que trae como fatal herencia desde el vientre materno. El talento mismo es en ellos escaso. Habituados a una secular obediencia, a una tradicional pasividad, la libertad vuelve a los negros locos de vanidad y de crueldad. Su imaginación – tienen imaginación, dígalo el prodigioso Alejandro Dumas – les hace concebir una fantástica vida llena de jolgorios y alegrías, antes solamente permitidas a los aborrecidos blancos.

La vanidad que les es característica –no hay vanidad como la del piel oscura--, les induce a imitar los gestos y maneras del caballero blanco, del antiguo patrón”.

Sí hay muchas obras “delante de las cuales el pensamiento no encuentra vía”, como lo dice el mismo Darío, esta es una de ellas. Es un discurso lleno de contradicciones. Que cada quien juzgue su contenido de acuerdo a su corazón y conciencia. Darío es un caso paranormal digno del estudio de la parapsicología, ya que nación el mismo año que el Ku-Klux-Klan en los Estados Unidos, 1867

* Escritor autodidacta

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EL ESTADO Federico Nietzsche.




EL ESTADO

Federico Nietzsche

“En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abrid los oídos, pues voy a deciros mi palabra sobre la muerte de los pueblos: Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: “Yo, el Estado, soy el pueblo”.

¡Es una mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.

Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.


Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.

Esta señal os doy: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje en costumbres y derechos. Pero el Estado miente en todas las lenguas, y diga lo que diga, miente, y todo lo que posee, lo ha robado. Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ése mordedor. Falsas son incluso sus entrañas.

Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!

Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado! ¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora, los masca y los rumia!

“En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios”, así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas ante él! ¡Ay, también en vosotros los de alma grande susurra él sus sombrías mentiras!

¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío monstruo gusta de calentarse al sol de buenas conciencias! Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis. ¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados!

Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de veneno. Estado, al lugar donde todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos, se llama “la vida”.

¡Ved pues a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres. Quieren poder,  sí, en primer lugar, “la palanqueta del poder”, mucho dinero, ¡esos pobres insolventes! Enfermos están siempre, vomitan su bilis en lo que llaman periódico. Se devoran unos a otros y ni siquiera se digieren. ¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad.

Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer ¡que la felicidad se asienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se asienta en el trono, y, también a menudo, el trono se asienta en el fango. Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores. Su ídolo, el frio monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos servidores del ídolo.

¡Apartaos de mal olor! ¡Alejaos de esos sacrificios humanos! Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos. Aún hay una vida libre a disposición de las almas nobles. En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!

Nota. Copiado por Manuel Aragón Buitrago de “Así habló Zaratustra”. Cualquier parecido con la Nicaragua actual es pura coincidencia.


Managua, 2 de Julio 2014

domingo, 11 de octubre de 2015

Dario confiesa no haber sido genio



31 de marzo de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Darío confiesa no haber sido genio
“Darío le dio su espalda al destino que le sonrió y no sufrió más males de los que él mismo se propició. El nayarita Amado Nervo tiene razón al afirmar que cada quien es arquitecto de su propio destino”
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


Todos los años durante las efemérides darianas, proliferan en los diarios artículos cuyos autores parecieran no pensar lo que dicen sin temor al antiguo legislador que llaman vulgo. Exhibiendo una pasión muy apasionada y craso desconocimiento, dicen cosas reñidas con la verdad. No los culpo, también yo pase por esa etapa, superada mediante exhaustivo estudio de la obra del poeta.

Este año dice uno de ellos: “Creo que Darío debió haber preferido haber nacido en París, en Madrid o Alemania, quizás otro destino le hubiera sonreído, talvez si hubiera sido europeo no hubiera sufrido tantas humillaciones, y el mundo lo hubiera reivindicado junto a Víctor Hugo y Paul Verlaine, que percibieron en él un genio que los eclipsaba en el universo de las letras”.

¡Cuánta desorbitada pasión para un pequeño párrafo! Darío le dio su espalda al destino que le sonrió y no sufrió más males de los que él mismo se propició. El nayarita Amado Nervo tiene razón al afirmar que cada quien es arquitecto de su propio destino. En cuanto a lo otro, ni Neruda nació en Santiago, ni Vallejo en Lima, ni Miguelito Hernández, el humilde pastor de ovejas de Orihuela, en Madrid.

José Enrique Rodo al hablar de Ambato, lugar de nacimiento de Juan Montalvo, el de las pepitas de oro en prosa, nos dice: “Habíale señalado el destino para cuna de uno de esos hombres que  ennoblecen el oscuro y apartado lugar donde vinieron al mundo”. Igual caso es el de Leonardo da Vinci que inmortalizó el humilde villorrio florentino de su nacimiento a la orilla del río Arno. El escritor pareciera ignorar que según Cervantes, “los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos”.

Víctor Hugo jamás supo quién fue Darío y, cuando Darío quiso hablar con Verlaine, este estaba enbaquecido balbuceando incoherencias alcohólicas. Rubén más bien se valió del romanticismo huguesco para algunos de sus trabajos, lo admiró tanto que llegó a calificarlo de dios, “el dios Hugo” de Verlaine dice: “Aprendí el son de la siranga de Verlaine y el de sus clavicordios pompadour”. El genio crea, no imita. Genios fueron homero, Da Vinci, Miguel Ángel, Cervantes. “Soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que me sé decir sin ellos”, apunta Cervantes.

Darío fue ecléctico. En su artículo “Los colores del estandarte” (tomo IV, págs. 872/882, obras completas, Afrodísio Aguado) confiesa: “En Europa conocí a algunos de los llamados decadentes, elegí a los que me gustaron para mi alambique”. “Catulle Méndez fue mi verdadero iniciador”. “Paul Groussac con sus críticas teatrales del diario La Nación, fue quien me enseñó a escribir mal o bien, como hoy escribo. Es la verdad: delante de la autoridad magistral, delante de los espíritus superiores, soy modesto y respetuoso”. “A cada cual le aprendía lo que cuadraba a mi sed de  novedad y a mi delirio de arte los elementos que constituirían después de un medio de manifestación individual”, y termina contradictorio: “y el caso es que resulté original”. Original, dice el Larousse: “que pertenece a él, propio, único. Escritor original, que produce sus obras con espontaneidad”.

En Palabras Liminares de Prosas Profanas, dice Darío: “Yo no tengo literatura mía para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea.

Wagner, a Augusta Holmes, su discípula, dijo un día: lo primero no imitar a nadie y sobre todo a mí”. !Gran decir!”. Extraño consejo en labios de quien confiesa haber seguido los pasos de tantos escritores, llegando hasta decir: “el mejicano Díaz Mirón, a quien imitara en ciertos versos agregados en ediciones posteriores de Azul”.

En Historia de mis libros al hablar de Azul y Prosas Profanas, Darío es prolijo en confesar haberse valido de todas las escuelas literarias vigentes. “Seguir una escuela –dice José Ingenieros– es la manera infalible de no tener estilo personal”.

“Los darianos –afirma el argentino Raúl González Tuñón en su obra “La Literatura Resplandeciente”– han hecho mucho daño a Darío.
Por aclaración: genio, persona que tiene habilidad extraordinaria para realizar algo, que tiene capacidad, creatividad. Ser sobre- natural. Autosuficiente.

* Escritor autodidacta




9 de junio de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni


Darío traiciona al doctor Rafael Zaldívar
Manuel Aragón Buitrago | Opinión
Como escritor aficionado, he hecho mío el juramento de Tolstoi de “no mentir hablando ni mentir callando”. Aquí, respecto a Darío, se le ha mentido demasiado al pueblo callando. “Se puede engañar a todo el pueblo durante algún tiempo. A una parte del pueblo se le puede engañar siempre, pero no se puede engañar siempre a todo el pueblo”. Así pensaba Abraham Lincoln.

En 1782, en la primavera de sus 15 años, llega Darío a El Salvador y relata: “Gobernaba este país el doctor Rafael Zaldívar, hombre culto, hábil, tiránico para unos, bienhechor para otros, y a quien, habiendo sido mi benefactor, y no siendo yo juez de historia en este mundo, no debo sino alabanzas y agradecimientos”.

“Cuando llegué al hotel, al poco rato, me dijeron que el director de Policía deseaba verme. Se me entregaron 500 pesos plata, obsequio del Presidente. Al día siguiente por la mañana, estaba yo rodeado de improbables poetas adolescentes, escritores en ciernes y aficionados a las musas. Ejercía de nabab. El esplendor duró hasta la tarde y llegó la noche”.

Cuando en 1885 el general Francisco Menéndez derrocara al doctor Zaldívar, “benefactor” de Darío, este se pasa al lado del general golpista y oigamos lo que dice de él: “Era Francisco Menéndez, presidente (de facto) de la República, al par que militar de mérito, conocido agricultor y hombre probo”. “La verdad que yo estaba satisfecho con mi conducta. Menéndez me nombró director del diario La Unión y estaba remunerado con liberalidad”.

Tal acción de Darío es duramente criticada por el cubano Alejo Carpentier en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Cubanos celebrado en La Habana en 1961.

“De gente bien nacida es agradecer –dice Cervantes- los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”.

“La ingratitud –sentencia Jonathan Swift- es un crimen capital. Aquel que paga con maldad a su bienhechor ha de ser necesariamente un enemigo común del resto de la humanidad que no le ha hecho beneficio alguno, y, por tanto, tal hombre no es a propósito para esta vida. La traición comienza en el corazón antes de manifestarse en actos descubiertos”.

El calificativo de “probo” que da Darío a Menéndez me ha motivado a consultar el diccionario, y este me da un sinnúmero de acepciones que contradicen la conducta del general: “Cabal, claro, cumplidor, decente, delicado, digno, estimable, ecuánime, honesto, intachable, honrado, recto”. Pareciera que “el Príncipe de las Letras Castellanas” no dominaba en ese entonces muy bien el castellano.

Unamuno, con la dureza que le caracterizaba, expresó: “Porque puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Un escritor no puede ser tan grande teniendo defectos morales, y sobre todo muy graves”.
El pudor lo define Aristóteles como “cierto temor a sufrir un desprestigio”. Cualquier hábito del alma –dice- puede orientar su naturaleza con arreglo a aquellas cosas que pueden ennoblecerla o degradarla”.

A lo largo de sus escritos se descubre que Darío no conoció el pudor. Si el poeta fue un hombre sin moral, no deseo juzgarlo yo, este juicio se lo remito al lector, pero, todos y cada uno de nosotros debe tener conciencia de que nuestros actos son producidos por nuestra voluntad.

En la introducción a las Obras Completas de Darío editadas por Afrodisio Aguado en Madrid, España, dice el editor: “Rubén era ya entonces lo que continuó siendo toda su vida, dado a amoríos y al alcohol, impetuoso y bravucón, inconstante y pendenciero, aunque con un corazón de niño irresponsable”.

Moraleja. “Si recoges a un perro moribundo y lo haces feliz, no te morderá. Esta es la diferencia principal que hay entre un hombre y un perro”. Mark Twain.


* Escritor autodidacta

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jueves, 8 de octubre de 2015

Un manifiesto.

18 de agosto de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni


Un manifiesto
Manuel Aragón Buitrago | Opinión

Contrariando al doctor Jorge Eduardo Arellano de que mi conocimiento de la cultura dariana es “limitadísimo e incompleto”, continúo con mi crítica calificada de “necia” por otro de los devotos del poeta.

Quienes hayan leído la crítica de Darío a grandes de la literatura como Aristóteles, Swift, Zolá, Nietzsche, Whitman, Bello y otros, sabrán que ella fue arbitraria, necia, atrevida, desacertada, injusta e inconsistente, y algunas tan groseras como las de Zoilo a Homero.

Cuando en 1896 le piden a Darío en Buenos Aires su Manifiesto, responde no considerarlo fructuoso ni oportuno, y da sus razones: “a) Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente; b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo arte al que se consagran”.

Estas declaraciones del bardo no podrán ser calificadas por quienes tienen sus neuronas en orden, más que de soberbias e irrespetuosas, aplaudidas y celebradas solamente por dementes e ignorantes.

El vasco don Miguel de Unamuno, hombre de otro continente, era más conocedor de los talentos existentes en América, que nuestro pobre y fatuo panida. En su artículo “El Pedestal”, de su obra “Soliloquios y conversaciones”, cuenta don Miguel:

“Tengo a la vista uno de los libros, para mí, más excitantes, uno de aquellos que más reflexiones y comentarios me sugieren. Es el libro “Moral para intelectuales”, colección de las conferencias que en 1908 dio el doctor Carlos Vaz Ferreira (1873-1958) en la sección de enseñanzas secundarias de la Universidad de Montevideo. No es un libro escrito, sino hablado, y esto constituye para mí su mayor encanto. Se siente en él hablar al hombre. Y este hombre Vaz Ferreira, me está resultando un hombre singular. Constituye desde hace algún tiempo una de mis preocupaciones. Su labor es hoy, la labor acaso más interesante que conozco por esos pagos. Él, Rodó y Zorrilla de San Martín, constituyen una terna que honraría a cualquier país culto”

Darío dice otra cosa, y siempre ingrato, en su artículo “Los colores del estandarte”, llama loco a Rodó, que le hizo su prólogo a “Prosas Profanas” y dedicara sus loas a “Sonatina”. Le llama “el enigmático y terrible loco montevideano”, quizá porque acertadamente dijera que “Darío no era el poeta de América”.

En su artículo “Don Quijote y Bolívar”, Unamuno nos habla de otro talento, el venezolano José Gil Fortoul (1862-1943), autor de la “Historia Constitucional de Venezuela”, editada en Berlín. “Ni Sarmiento, ni Bilbao, ni Martí, ni Bello, ni Montalvo” –dice Unamuno– “son los escritores de una u otra parte de América, sino los ciudadanos de la intelectualidad americana”.

Mientras don Miguel estaba enterado del movimiento literario que se desarrollaba en América y de sus protagonistas, Darío manifiesta ignorarlo, autoproclamándose el exclusivo demiurgo designado por Apolo para imperar en América.

Para él no existían los mejicanos Juan de Dios Peza, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, ni el peruano Ricardo Palma. Solo él era el campeón.

“El que vive en su credo autocrático” –acota Martí– es lo mismo que una ostra en su concha, que solo ve la prisión que la encierra, y cree en la oscuridad que aquello es el mundo”. Cyrano de Bergerac es el arquetipo de nuestro poeta. Mediante un sorites, solía decir: “Soy el mejor estudiante del colegio X, el colegio X es el mejor colegio de París, París es la mejor ciudad de Francia, Francia es la mejor nación del mundo, luego yo soy el mejor estudiante del mundo todo”.

“El mayor de todos los peligros para el hombre” – advierte Martí – “es el empleo total de su vida en el culto ciego y exclusivo de sí mismo”, y en esta práctica fue diluviano quien creyó tener manos de marqués y vivió temiendo a “la aterrorizadora igualdad”. Estemos pues orgullosos de tener nuestro Cyrano de Bergerac criollo.

* Escritor autodidacta






EXORDIO A “UN MANIFIESTO”


MANUEL ARAGÓN BUITRAGO


Cuando el 9 de Julio del 2012 se me brindó a mí, un hijo del pueblo, la oportunidad de dar una conferencia en el Teatro Nacional Rubén Darío, me tocó enfrentarme al connotado dariano Dr. Jorge Eduardo Arellano. Fue el enfrentamiento de un David contra un Goliat, qué, anunciado por los diarios, despertó natural expectativa, más, como en el bíblico relato, el gigante Goliat fue vencido por el débil David, que esgrimiendo su divisa: “Soy un combatiente del pueblo armado de argumentos explosivos”, supo manejar dialécticamente la honda de sus conocimientos darianos.

Desgespenst, uno de los comentaristas a mis artículos de la Página de Opinión de El Nuevo Diario, comenta: “Lo que ha existido son más aduladores de Darío que admiradores, más fanáticos que estudiosos, es por eso qué, cuando aparece Aragón Buitrago tratando de exponer un ángulo diferente “que está contenido en los escritos de Darío”, aparecen en coro desafinado los aduladores y fanáticos, horrorizados por el sacrilegio de Aragón Buitrago, pues toca al mito con las manos sucias de un autodidacto, se atreve a ponerle unas cuantas nubes negras al intocable y refinado Rubén”.

El Dr. Arellano abandonó el teatro intempestivamente, muy a pesar de suplicarle no lo hiciera, pero tuvo la nobleza, al siguiente día, temprano por la mañana, de hablarme para felicitarme, enviándome además, por medio de nuestro común amigo, Ing. Bayardo Cuadra, dos de sus libros, uno de ellos con hermosa y laudable dedicatoria.


Managua, 23 de abril de 2014