sábado, 21 de enero de 2017

PARALOGISMOS DARIANOS


PARALOGISMOS DARIANOS
Manuel Aragón Buitrago

“Podría repetir aquí más de un concepto de las palabras laminares de Prosas Profanas. Mi respeto por la aristocracia del pensamiento siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura estética, apenas se aminora hoy con una razonada indiferencia.” Rubén Darío. Prefacio del “Cantos de vida y esperanza”. Madrid, 1905.

Extraño me es oír hablar de respeto a la aristocracia del pensamiento a quien la irrespetó acerbamente en las personas de ilustres pensadores que legaron a la humanidad, al par del ejemplo moral de su conducta, la herencia de bellos conocimientos que no dejó él. Para Darío no existía nadie sin defectos, él era el único perfecto; dios demiurgo, sin él la literatura y la poesía no existirían. Su paranoia de vulgar criticón no tiene límite. Que yo sepa, es el único de los muchos que conozco, que ha enlodado la lengua en que escribieron “Cervantes y Calderones”.

En su “razonada indiferencia” olvida que de mediocres se sirvió para sustentar sus atribiliados dicterios en contra de la raza negra y del pueblo trabajador, y que su afamado Modernismo es un producto nacido de dos lenguas romance.

En cuanto a lo de “chatura estética”, “La estética -  me dice el Larousse-; es la teoría de la sensibilidad, la ciencia que trata de la belleza y de los sentimientos que hacen nacer lo bello en nosotros”.

La sensatez me obliga a no aceptar la existencia de una estética chata. Ese gol que se lo anote Darío a sus devotos patológicos que no razonan porque no han aprendido a pensar. “El orador- dice Sócrates-;  no tendrá ventajas sobre las personas instruidas.”


10.08.16

LA ICONOCLASTIA EN DARÍO

LA ICONOCLASTIA EN DARÍO
Manuel Aragón Buitrago
“Yo no soy iconoclasta. ¿Para qué? Hace siempre falta a la creación el tiempo perdido en destruir”. Rubén Darío. Dilucidaciones de “El canto errante”. Madrid, 1907.
“Iconoclasta – me ilustra el diccionario de sinónimos y antónimos-, arrasador, destructor, vandálico, perturbador”.
Dice un adagio popular que el pez por su boca muere, y esto se cumple a cabalidad en Darío. El virus de la pasión por iconoclastar a personalidades dignas de augusto respeto anido siempre en su mente. Aristóteles, Emilio Zolá, Federico Nitzsche, Walt Whitman, Andrés Bello, José Joaquín Olmedo, fueron víctimas de la segadora haz de su venenosa e injusta crítica pero hoy me ocupare de su pretendida y fallida difamación al patriota irlandés Jonathan Swift en su libelo “apología de la risa” correspodiente a su libro “mundo adelante”.
Jonathan Swift (1667- 1745), es el autor de la bella obra “Los viajes de Gulliver”, en la cual critica la corrupción y despotismo del gobierno opresor de su amada Irlanda, con una pluma humorística, pero punzante y corrosiva que no tiene nada que envidiar Rabelais (Rabelé) el gran satírico galo, por lo que Voltaire le llamó “el Rabelais irlandés”.
“Escribo – dice Swift - , con el nobilísimo fin de informar e instruir al género humano, propósito para el que puedo, sin modestia, preciarme de cierta superioridad, basada en las enseñanzas recibidas durante largo tiempo que conversé con los houyhnhnms (habitantes de país imaginario) más eminentes. Escribo sin mira alguna de provecho ni de nombradía, sin dar jamás curso a una palabra que pueda parecer repercusión de afectos personales o suponer la menor ofensa, aun para aquellos que más pronto estén a tomarla, así que espero tener justo derecho a calificarme de autor completamente irreprensible, contra el cual los ejércitos de la réplica, el examen, la observación y la averiguación, no encontraran nunca motivo para ejercitar sus talentos”.
En su Exposición, Swift no contó nunca con el talento obtuso de Darío. Me adelanto a decir, que Darío poseía dos talentos; uno agudo, otro romo. Para sus mejores pensares usó el primero, para sus ponzoñosas ruindades el segundo. Esto no escapa al lector inteligente dotado de ético y estético discernimiento.
Swift no fue único patriota que criticó a Inglaterra, lo hizo también Oscar Wilde comparándola con Calibán, el personaje de instintos salvajes de la obra de Shakespeare “La Tempestad”. El prócer irlandés Daniel O´Connell que hizo votar el acta de emancipación de Irlanda, hizo llorar a Charles Dickens cuando relató en el Parlamento ingles los sufrimientos de su pueblo. Dickens, siendo inglés, tampoco dejó de hacer las más acerbas y vigorosas críticas a la corona. Sólo Darío, que era de índole controvertida y disparatada, pudo llamarle “la noble Inglaterra”, después de los vejámenes a que sometió a Nicaragua relatados por él mismo. Los discípulos de Heródoto no desconocen las crueldades cometidas por los ingleses en sus colonias.
No deseo entrar en acción sin antes citar dos pautas lógicas darianas: “La opinión sin el conocimiento es floja y sin valor”. “cuando la mueve su pasión, su interés o su conveniencia, la civilización europea es más bárbara que los bárbaros”.
Escuchemos al antinómico e irreverente Darío disertar en su libelo “apología de la risa”. “En la historia literaria existe una figura extraña, representación del egoísmo y de la dañina burla: Swift. No le atormenta el spleen británico, la enfermedad nacional. Es un espíritu emponzoñado, lleno de cruda misantropía: Especie de hombre -  escorpión, siempre listo para asestar el garfio que inocula el veneno. Su arma fue la risa; pero ella es en él salvaje bufonería, cruel dardo de un ser dañino; su talento era corrosivo como un frasco de ácidos; fue el exacto tipo del “panfletista”. El creador de Gulliver hizo del sonoro y buen metal de la risa un puñal, que puso en manos de su ambición y su rabia. Swift, en medio de su hipocondría y de su ruindad, solamente obedece a sus pasiones, y arroja su chiste al rostro de la sociedad como un vaso de vitriolo. Mal haya aquél que en el buen campo, que Dios le dió, cultiva plantas venenosas y llena de espinas! Swift, funesto sembrador, sembró en su huerto cactus y ortigas. Reía con gracia mala. El gracioso era mal hombre. El caso de Swift se repite con alguna frecuencia en escritores que, si no lo igualan en talento, lo superan en maldad. Emplean su habilidad, más o menos crecida, en desgarrar. Hacen de la sátira el arma de su rabia. Alfredo de Musset en su verso de oro nos dice que ser admirado no es nada; el asunto es ser amado.” Darío fue prolijo en crear y citar bellos preceptos morales cuyo primer vulnerador fue él.
¡Qué horror! Qué alud de calumnias y mentiras usa Darío contra un ilustre patriota que como Bolívar y Martí tuvo la virtud de luchar por la libertad de su país.
El enciclopédico VOX dice de Swift: “Prosista vigoroso, lleno de pasión y de ingenio, satírico implacable y el más agrio de los humoristas. Representante típico de la crítica demoledora de la época. “Los viajes de Gulliver” son una sátira a Inglaterra y a la sociedad humana; y libro de fama universal por la originalidad de la fábula en que se fundamenta”.
Y pensar que éste ardoroso detractor de Swift es el mismo que dijo: “¡Viña de la inmortalidad, dame el fruto de la verdad!”. “no me avengo con bajos pensamientos y vulgares palabras”. “hemos de ser juntos, hemos de ser buenos, hemos de olvidarnos de todos los odios, de toda mentira, de toda ruindad”. “Mas por gracia de Dios en mí conciencia, el bien supo escoger la mejor parte”. “Mí intelecto libré de pensar bajo”, y otras sofisterías en que fue exuberantemente primaveral.
“No dejes que tu boca te haga pecar”, recomienda el Eclesiastés. “no todas las palabras convienen a todas las bocas”, sentencia Nietzsche.
Según confesión propia, uno de los primeros que leyó Darío, fue El Quijote, pero parece no haber capitalizado el consejo cervantino: “Enfrena la lengua, considera y rumia las palabras antes que salgan de la boca”. La discreción es la gramática del buen lenguaje”; prefirió seguir el ejemplo de la Locura de Erasmo de Rotterdam: “a mí siempre me ha gustado decir lo que se me viene a la boca”.
¡Gracias José Ingenieros por haberme enseñado que los hombres excelentes no saben envenenar la vida ajena!
Yo me pregunto, ¿qué circunstancias motivaron a Darío a sudar calentura ajena? Él fue siempre un haz de contracciones aquejado de laberintitis mental, para combatirlo como desacertado crítico, nada tan eficaz como escrutar su artículo “La crítica”; Madrid, 1899, armado del escalpelo de la razón, contiene un arsenal de argumentos para contradecirle.
“La crítica anota Darío en su artículo -, tiene que encogerse, tiene que rebajarse para ser aceptada. Todo el mundo puede tratar de cualquier cosa con un valor afligente. No llamo censura a los gritos de la burla baladí que todo lo mancha y pisotea. Ruindades de bufón inmoral en sus injusticias de momo no faltan. Alardes de procaz insulto, de falta de respeto a ideas y legítimas autoridades, abundan; pero eso ¿qué tiene que ver con la crítica honrada, concienzuda y edificante? Comprendo lo grave que encierra el trabajo de pensar y juzgar”.
Implacable lictor, fue el más genuino infractor de sus preceptos. Irreflexivo crónico, no se tomaba el trabajo de pensar ni de indagar para juzgar. Su artículo es un formidable bumerán que se vuelve contra él mismo. Su irrespeto a legítimas autoridades del mundo intelectual fue masivo.
En su poema “Los cauterios”, reprocha a Zoilo por su crítica a Homero: “Zoilo, lleno de lodo y enfermo de gangrena que le vicia, ebrio y desatentado, osa al genio sagrado y le arroja a la cara su inmundicia”, pero él lo emula y supera lanzando a la cara de Swift sus inmundicias.
Darío fue émulo del dromedario fabulesco que se fijó en la joroba del camello olvidando que él tenía dos magníficas jorobas. Miraba defectos en todo el mundo e ignoraba los suyos que eran abundantes. “Conócete a ti mismo – exhorta Esquilo – eres mejor para amonestar a otros y no a ti mismo”.
Swift no escribió su obra riéndose ni para hacer reír a nadie. “Hay tiempos en que la sabiduría se convierte en una carga y en que el conocimiento se identifica con el dolor. Nada de risa donde nadie debe reír. No podemos llevar la risa a los amargos labios de Giacomo Leopardi”, nos dice Oscar Wilde en su obra “El crítico como artista”.
En el diálogo platónico “Gorgias, o de la Retórica”, Sócrates expresa: “Es más de lamentar vivir con un alma que no está sana, sino corrompida, injusta e impía, que con un cuerpo enfermo”.
Darío fue un ente enfermo de alma y de cuerpo. Su enfermedad del alma la evidencia en varios de sus escritos en que salen a luz la vulgaridad y la grosería que habitaban en su alma. Sus enfermedades psíquicas y corpóreas se las confiesa a Juan Ramón Jiménez en varias de sus epístolas, sobre todo “su terrible neurastenia”.
“La belleza, la armonía, y la gracia del discurso- enseña Sócrates- , son la expresión de la bondad del alma, de un alma cuyas costumbres son bellas y buenas. La falta de gracia y de armonía es la señal de un mal espíritu y de un mal corazón”.
¿Fué Darío un hombre de buenas costumbres? Invito a leer su autobiografía. Darío con sus críticas cayó canibalismo, no se devora a otros hombres despedazándolos solamente con los dientes, también con la pluma se desgarra y destruye, el tratar de deslucir a otros se convirtió en él en hábito mental. En su empeño en desprestigiar, mancillar e infamar a notables personalidades, hizo uso de la calumnia y de la mentira, sin percatarse, irreflexivamente, que estaba contribuyendo a su propio desprestigio. ¿“Podrá mantenerse puro un pájaro que a otro pájaro devora”?, interroga Esquilo.
Miente Darío cuando en su artículo “Los Colores del estandarte” dice: “Es la verdad: delante de la autoridad magistral, delante de los espíritus superiores, soy modesto y respetuoso”. Cuento para quienes no le conocen.
Todos los falsos defectos que Darío imputa a Swift, son pinceladas de un autorretrato salido de lo más profundo de su hontanar, además de demostrar que al adjetivar no usaba bien el castellano.
“Podemos tener un gran talento – dice Don Miguel de Unamuno- , lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta imbécil moral”. ¿Quién se atreve a negar que Darío fue un ser sin sentimientos y un imbécil moral?
“La grosería – sentencia Aristóteles- , rebaja al hombre al nivel de la bestia”, y Darío, fue grosero.
“La vulgaridad en un cierzo que hiela todo germen de poesía capaz de embellecer la vida”, afirma José Ingenieros, y Rubén, fue vulgar.
“La verdad sangrienta es también verdad” poetiza Martí.
“La salsa del ridículo es un don especial del lobo humano. Al lobo humano parece que el arte le pusiese en el hígado una extraña y áspera bilis”, confiesa Darío. Aunque en esta repartición a él le tocó una mayor parte de bilis, se equivoca al mezclar el arte con lo ridículo.
En “El canto errante” tiene Darío una poesía que en su inveterado afrancesamiento titula “Fant mieux”, pero que en cervantina lengua significa “Tanto mejor”. He decidido trasplantarla, ya que en ella afirma el poeta con estético estilo que la gloria de los grandes hombres, no hay nube que pueda oscurecerla. “no hay proa que taje una nube de ideas”, dice Martí.
“Gloria al sapo y a la araña y su veneno, gloria al áspero errar, gloria a la insidia, gloria a la cucaracha que fastidia, gloria al diente del can de rabia lleno, gloria al odio bestial, gloria a la envidia, gloria a las ictericias devorantes que sufre el odiador. Gloria a la escoria que carece de luz de los diamantes; pues toda esa miseria transitoria, hace afirmar el paso a los atlantes cargados con el orbe de su gloria”.
Darío escribió siempre cosas dignas de aplicárselas a él, todas estas glorias son a propósito para su propia glorificación.
Swift no fue egoísta. El spleen británico no tenía por qué atormentarle ya que él no era británico, además de que el spleen no aquejaba al pueblo trabajador, sino a las clases altas. “Víctimas del spleen los altos lores”, dice Juan de Dios Peza. “El spleen – afirma Swift- , sólo hace presa en los holgazanes y en los ricos”. En cuanto a lo de misántropo, bufón y panfletista, fueron debilidades más propias de su censor que de Swiftr. Darío fue toda su vida histrión congénito de los poderosos. ¿Hipocondríaco? Nadie más hipocondríaco que él, oigamos sus gimoteos: “Quiero expresar mi angustia en versos…”, “En las horas amargas que he sufrido…”, “En este mundo de duelo y aflicciones…”, “Yo supe de dolor desde mi infancia”, “¿por qué mojan mis labios sólo melancolías que corren hasta mi alma como corrientes frías?”, “En estos versos de dolor impregnados, como en un vaso vierto en ellos mis dolores… las tristes nostalgias de mi alma, y el duelo de mi corazón tristes de fiestas”. La desfloración amarga de mi vida”.
El único artífice de la desfloración de su vida fue el mismo, así lo confiesa: “En cuanto a la bohemia inquerida, ¿habría yo gastado tantas horas de mi vida en agitadas noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los alcoholes, en el desgaste de una juventud demasiado robusta, si la fortuna me hubiera sonreído y si el capricho y el triste error ajenos no me hubieran impedido, después de una crueldad de la muerte, la formación de un hogar?”
“Con el mal moral siempre fue a la par el físico”, afirma Emmanuel Kant. En la introducción a las obras completas de Darío editadas por Afrodisio Aguado se lee: “Rubén era ya entonces lo que continuó siendo toda su vida, dado a amoríos y al alcohol, inconsciente y pendenciero, con un corazón de niño irresponsable”.
“los viajes de Gulliver”, asevera el Larousse, es la sátira mordaz contra la sociedad inglesa. Swift defendió ardorosamente la causa de Irlanda. La obra es tan genial que influyó poderosamente en el carácter de un hombre tan difícil como Voltaire, miembro de casi todas las academias culturales de Europa. “La  pasión por los viajes – cuenta David Satrauss en la biografía de Voltaire- , extiende su radio de acción hasta las estrellas en el cuento Micromegas, historia filosófica, inspirado muy de cerca en la manera de Swift”.
¿Qué motivaría a Darío, me pregunto yo en páginas anteriores a verter toda su ponzoña de hombre –escorpión en contra de Swift? ¿No sería que se sintió aludido referente a su traición al Dr. Rafael Zaldivar cuando Swift expone: “Aquel que paga con traición a su bienhechor ha de ser necesariamente un enemigo común del resto de la humanidad, que no le ha hecho beneficio ninguno, y, por tanto, tal hombre no es a propósito para esta vida”?
“los versos Yámbicos – certifica Aristóteles - , la injuria y la calumnia”, ingredientes que no dejó de usar Darío en algunos de sus artículos. Si mi ensayo no gusta a los darianos patológicos, espero me combatan con argumentos convincentes, fiel discípulo de Sócrates, “soy de los que gustan de que se les refute cuando no dicen la verdad, y de refutar a los otros cuando se apartan de ella, complaciéndome tanto en refutar, como en ser refutado”.


Miércoles, 31 Agosto 2016.

LA AMBIGÜEDAD EN RUBÉN DARÍO

LA AMBIGÜEDAD EN RUBÉN DARÍO

Manuel Aragón Buitrago

“El primero de los historiadores de Nicaragua es Jerónimo Pérez, pero es inculto; escribe en una lengua casi bárbara, pretende a veces intercalar versos en sus narraciones; no como Plutarco, ajenos, sino propios y absolutamente detestables” Rubén Darío. Artículo “Rojo y negro” de su libro “Polémica”.

“Los libros de historia política y biografía que dejó Jerónimo Pérez, deben ser aplaudidos; Pérez era observador atento. Legó materiales que más tarde pueden ser aprovechados” artículo “Prólogo para historia de 3 años”; de su libro “Crónica política”.

“Si un hombre tiene mente confusa escribirá de un modo confuso” William Somerset. “La luna y seis peniques”.

“Las conciencias infelices se enredan en sus contradicciones”. Jean – Paul Sartré. Premio nóbel 1964 – Prólogo a “Los condenados de la tierra” de Franz Fanón.

“El sabio es firme como el sol, el necio cambiante cómo la luna”. Eclesiasté.

En más de medio siglo que llevo trajinando por los vericuetos del mundo de las ideas, no me he encontrado con un viandante más paradójico, más proteico, que Darío. Es un escritor en el cual no puede uno confiarse, ya qué, a vuelta de página se contradice. Este género de escritores los define muy bien Jaime Balmes en su obra “El Criterio”: “Hoy ensalzan lo que mañana maldicen; es para ellos un dogma inconcuso lo qué mañana es miserable preocupación. En una misma obra se contradicen de una manera chocante”.

Las opiniones vertidas por Darío sobre Jerónimo Pérez me han obligado a revisar su obra, no encontrando en ella nada de censurable, sino más bien que lamentar que tan preciosas enseñanzas históricas tan hermosamente expuestas, hayan sido defenestradas de la educación pública por ignorantes apátridas ministros del ramo de la enseñanza.
“Pretende  a veces intercalar versos en sus narraciones… versos absolutamente detestables”. Aquí el Príncipe de las letras castellanas hace mal uso del castellano pretender es intentar hacer algo y Pérez no pretende, realiza. Su único verso que he encontrado es su oda de bienvenida al Sol del año 1855: “Es el sol que brillante y despejado, un año nuevo empieza en su carrera; año en que el mundo su bonanza espera, para olvidar los males del pasado”. “sube pues, oh magnífica lumbrera, por ese inmenso y dilatado espacio, reflejando tus rayos de topacio, en el brillante azul de nuestra esfera”. “sube, y en el límpido y claro firmamento; no haya una nube que tu faz empañe, tu luz dorada el hemisferio bañe vida anunciando, paz y movimiento”. Su odisea consta de seis cuartetos, pero con estos tres bastan para demostrar no hay en ellos nada detestable. Su prosa de despedida al año 1854 es esquiliana: Adiós, año 54  con todas tus desgracias; tu desolación y exterminio, anda a ocupar tristemente el lugar que te cabe en el seno de la eternidad, adiós. Yo te confieso que sin pesadumbre alguna me despido ti, y que antes bien ansiaba tu salida por lo fatal que has sido a la ventura de mi país; ventura que, si bien no puedo prometerme de tu sucesor, al menos nos vendrá éste a enjugar tantos ojos que lloran y a aquietar tantos corazones que palpitan; o cuando no, no hará verter tantas lagrimas como hasta ahora se han vertido”.  Es esto suficiente para certificar que Pérez ni es inculto, ni hace uso de una lengua casi bárbara como afirma Darío.
“Para conocer la calidad del vino- dice Oscar Wilde- ; no es necesario beberse todo el tonel”.
Así como el cubano José Martí y el Uruguayo José Enrique Rodó dedicaron sus obras a la juventud de América, con igual amor Pérez dedicó la suya a la juventud de su patria: “Bella juventud, esperanza de mi patria, objeto de mi predilección; yo os dedico esta obrita, que, aunque mal escrita, debéis leerla fijándoos en los acontecimientos y no en su estilo. Aceptadla, y si os fuese provechosa, quedarán todas mis esperanzas satisfechas”.
Su biógrafo dice de él: “Es el sembrador que tira la semilla en el campo exuberante y virgen de la juventud.”
18.08.16





sábado, 11 de junio de 2016

RUBÉN DARÍO EPÍGONO CONFESO





RUBÉN DARÍO EPÍGONO CONFESO


Manuel Aragón Buitrago

Si San Agustín y Rousseau hicieron sus confesiones, Darío nos dejó las suyas.  Si he escandalizado a algunos con mis escritos, es porque como Rubén dice: “el amor no admite cuerdas reflexiones “. Los argumentos usados en mi crítica al poeta, los vitaliza el juglar de Margarita y de Los Motivos del lobo.  Los apologistas del poeta están molestos porque doy a conocer un Darío secuestrado largo tiempo por ellos.

Las confesiones de Darío en “Historia de mis libros “, son una rotunda negación a la generalizada afirmación de que el aedo fue genio. “ Ser genio – certifica Leopoldo Zea – implica partir de sí mismo “.

Escuchemos a Rubén confesando haber sido “caja de resonancia “de otros autores en un popurrí de escuelas literarias de entonces: “Azul es un libro parnasiano.  En El rey burgués creo reconocer la influencia de Daudet ( naturalista ) ; en El Sátiro sordo , el procedimiento es más o menos mendesiano ( parnasiano ) , pero se impone el recuerdo de Víctor Hugo ( romántico ) , y de Flaubert  ( realista ); en La Ninfa, los modelos son los cuentos parisienses de Mendès ( parnasiano ) , Armand Silvestre y Mezeroi ; en El Fardo , triunfa la entonces en auge escuela de Zolà ( el naturalismo ); en El Velo de la Reina Mab, sí , mi imaginación encontró asunto apropiado, el deslumbramiento shakespeareano me poseyó, y realicé por primera vez el poema en prosa ; La muerte de la emperatriz de la China, es un cuento ingenuo, con algún eco a lo Daudet (naturalista ). Al Mejicano Díaz Mirón, lo imité en ciertos versos agregados en ediciones posteriores de Azul “.

En la poesía, el mismo acontecer.  Oigámosle al referirse a Prosas Profanas : “ En Era un aire suave , sigo el precepto del Arte Poético de Verlaine ( simbolista ); en Del Campo , me ampara la sombra de Banville ( romántico ) , La Canción de Carnaval es también a lo Banville ; en El paisaje, escribí como escuchando los violines del Rey , poseyeron mi sensibilidad Rameau y Lully ( Juan Felipe Rameau , compositor francés innovador de la ópera ; Juan Bautista Lully, músico francés nacido en Florencia , creador de la òpera en francia ) ; El País del sol, es formulado a la manera de los “ Lieds de France “ de Catulle Mendès ( romántico – parnasiano ); Cosas del Cid encierra una leyenda que narra en prosa Barbey D’Aurevilly y que, en verso he continuado “.

En el ensayo “La formación literaria de Rubén Darío “del norteamericano Charles Dunton Watland, su tesis al graduarse Doctor en Filosofía en la Universidad de Minnesota, cita a Andrés González Blanco diciendo: “¡Cuánto trabajo cuesta llegar a la originalidad! Para tener personalidad propia, le fue menester a Darío recorrer todas las etapas de indecisión y tanteo. ¡Cuántos caminos trillados pisó antes de encontrar su camino! ¡Cuántos materiales extraños acumuló para construir su propia casa!” González Blanco  con Alberto Ghiraldo, editó parte de las obras de Darío.

“Me encantan – dice Darío- los poetas que como el árbol de su floresta, dan la flor propia “, más en él no todo fue flor propia “, esto se comprueba al comparar su Rima XI con Introducción Sinfónica a las Rimas de Bécquer.  Lo fatal tiene también brisas becquerianas.  Los Motivos del Lobo tienen su embrión en el capítulo XX de Las Florecillas de San Francisco.

“Darío miente al decir: “No gusto de moldes nuevos ni viejos.  Mi verso ha nacido siempre con su cuerpo y su alma, y no le he aplicado ninguna clase de ortopedia.  Cuando afirma: “Azul es parnasiano “, no supo lo que decía, acusativo prodromàtico de que su salud mental no marchaba bien.  Azul es el resultado de las cohabitaciones cerebrales de Darío con diversos autores y, por lo tanto, literariamente bastardo.

Consejo dariano: “Quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea “, pero fue él, el más genuino transgresor de sus preceptos.
Epicteto, esclavo- filósofo frigio  (50-120 d.n.e), aconseja: “No hacerse valer por cosas que dependan de otros, sino de uno mismo, o renunciar a hacerse valer “.

Don Juan Ramón Jiménez describe así  el eclecticismo dariano: “Darío tiene rosas de la primavera de Hugo, violetas de Bécquer y plantas de Verlaine”. (Verlén). “La humanidad amará siempre a Rousseau por haber confesado sus pecados no a un sacerdote, sino al mundo”. Oscar Wilde. Lo mismo hizo Darío, merece respeto.

Escritor y poeta
Tel. 2268-9093



25.01.16

jueves, 2 de junio de 2016

EN DEFENSA PROPIA



EN DEFENSA PROPIA

Manuel Aragón Buitrago

Tengo 92 años, durante 36 de ellos he escrito en El Nuevo Diario. Me conceptúo su Decano. Con mi pluma he honrado sus páginas. Siempre al escribir, he tenido presente dos principios éticos, el juramento de León Tolstoi: “No mentir hablando, ni mentir callando”, y el consejo de Rafael Mainar en “El arte del periodismo” : “Cuando haya que emplear como arma la pluma, debemos acordarnos de la vieja leyenda de los toledanos aceros: no me saques sin razón, ni me envaines sin honor”.
Por la publicación de mi escrito “Darío por Darío”, filisteos anónimos me han lanzado piedras con honda de notoria ignorancia. Faltos de argumentos, recurren al insulto y la calumnia imputándome culpas existentes solamente en sus caóticos cerebros, ignoran que en el mundo de las ideas, no hay campo para la ignominia, ni sitio para la vulgaridad. Privados de facultad perceptiva e interpretativa, no entendieron mi exposición.
“Existe una ley que obliga a respetar la imagen de nuestro Bardo Universal, es la ley 333, debemos apegarnos a ella”, dice uno de ellos.
Ilustro al señor, en su obra jurídica “Introducción al Derecho”, Sir Paul Vinogradoff dictamina: “Ni el Estado, ni su Derecho, pueden asumir la imposible tarea de influir sobre todos los derechos que implica la vida social y obligar a los individuos en su selección y gestión. Las normas jurídicas tratan de regular la conducta de los hombres, sus acciones y actividades externas; no aspiran a regir sus pensamientos y deseos. El objeto del Derecho es conseguir el orden social, y, por lo tanto, regular las relaciones entre los hombres, no su conducta íntima”.
“¿Por qué El Nuevo Diario publica un artículo que viola la ley 333?”, pregunta otro.
El Nuevo Diario ejercita un periodismo profesional, que de acuerdo al gran uruguayo José Enrique Rodó, debe ser “Cátedra y púlpito, ágora y academia”. Tienen además, conocimiento, de los Derechos Humanos de los cuales es nuestro país signatario, entre ellos la libertad de expresión.
El filósofo alemán Emmanuel Kant (1724-1804), observa en su obra “Filosofía política”: “Es preciso que haya libertad de expresión y de prensa en un Estado, ¿por qué otro medio podría el gobierno alcanzar los conocimientos que favorecen su propia intensión esencial? La libertad de la pluma es el único paladín de los derechos del pueblo”.
“No existe comején devora libros que pueda opacar la gloria del rey de la lengua castellana”, expone otro, que en eufórico arrebato le da Golpe de Estado a Cervantes. En cuanto a lo de comején devora libros, el exponente ignora, que escritores como Charles Dickens y Máximo Gorki, fueron comejenes devoradores de libros. Kant solía decir: “Yo siento toda la sed por el conocimiento y la inquietud desasosegada de conocer siempre más”. Johann Herder, testifica de él: “Con el mismo espíritu que sometía a prueba los escritos de Leibniz, Baumgarten, Crusius y Hume, seguía las leyes materiales de Kepler y de Newton. Acogió todos los descubrimientos de la naturaleza que llegaban a su conocimiento”.
Escuchemos a Darío: “En un viejo armario encontré los primeros libros que leyera. Era un Quijote, las obras de Moratín, Las mil y una noches, la Biblia; Los Oficios de Cicerón; La Corina de Madame Stael, un tomo de comedias clásicas españolas y una novela terrorífica, de ya no recuerdo que autor, La caverna de Strozzi. Amante de la literatura clásica, me he nutrido de ella”. Los comejenes devora libros y los asnos somos producto de la naturaleza, diferenciados por el uso de la razón.
“Muy pequeño es el cerebro de su enemigo, y muy grande el odio que le profesa”, dice otro desconocido. El índice cefálico de un hombre, que es de 35 grados, no puede ser evaluado por quien tenga el grado cefálico de una gallina que es de 0,001. En cuanto a lo del odio, el odio engendra odio. Darío escribió artículos que solo pueden tolerar sin inmutarse quienes carecen de dignidad, autoestima, o amor propio y al prójimo.
Que el señor Aragón moje su pluma en agua bendita antes de escribir sobre nuestro glorioso panida”, recomienda otro incógnito. El caballero ignora que su ídolo para escribir “Dinamita”, “La raza de Cam” y “La obra del populacho”, alimentó su pluma con vitriolo. A pesar de haber leído a Cervantes, olvidó su consejo: “Enfrena la lengua, considera y rumia las palabras antes que te salgan de la boca. Los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos”. 
Darío aconseja: “No toquéis a quien maneja las ideas”, y recuerda la apocalíptica sentencia de Enrique Heine: “¡Ten cuidado rey de Prusia con los poetas, te pueden meter en los infiernos!”.

Escritor y poeta
Tel.: 2268-9093


31.05.16 

DINAMITA


DINAMITA

Manuel Aragón Buitrago


En su escrito “La casa de las ideas”, expone Darío deleitosamente: “Sí la palabra es un ser viviente, es a causa del espíritu que la anima: la idea. Las ideas con sus carnes de palabras, vivientes y activas, se aglomeran, hacen sus ciudades, tienen sus casas. La ciudad es la biblioteca, la casa es el libro. Helas allí como los humanos seres; hay ideas reales, bajas, viles, abyectas, miserables. Algunas tienen corona de oro, tiara, yelmo, manto o harapos.  Imperiosas o humilladas, se alzan o caen, cantan o lloran. Evocadas por el hombre, dejan sus habitáculos, resuenan en el aire, y, silenciosas, penetran en el alma por los ojos. Luego vuelven a sus casas después de haber hecho el bien o el mal”. 

¿De cuál de estas ideas se valió Darío Para escribir su artículo “Dinamita” publicado bajo el pseudónimo Des Esseintes? Que el lector lo descubra. De mi parte, por límite de espacio, citaré fragmentos naúsicos impregnados de fuerte halitosis, del vitriólico libelo.


Escuchemos a quien dijo “Mi intelecto libré de pensar bajo”: “Los hambrientos de Europa nos traen su contagio de iras almacenadas por siglos, a nuestros buenos países, donde solamente el que no quiere no pone en su olla la gallina que el rey bondadoso (Enrique IV de Navarra rey de Francia) quería para el caldo de sus súbditos”. (Por pobreza él nunca la tuvo). “La divisa de las barrigas plebeyas es ésta: “¡Todo por el faisán!” El buen Juan no quiere ya pan y cebolla; y a meditado que sus manazas pesadas deben encontrase mejor entre los guantes del señor marqués”,  manifiesta el desclazado escritor. “¿Quién es el enemigo?” la respuesta es la del asno de La Fontaine: “nuestro enemigo es el amo”. Aquí le falla a Dario el sentido de percepción, su pasión le ciega la luz del entendimiento, la respuesta del asno es correcta, esto lo entendemos mejor los que conocemos dicha fabula. “¿Quién hay que pague por tener un amo?”, pregunta Esquilo. El asno, inteligente, sabía que no ganaba nada cambiando de amo.

“Más que la moral es la estética lo que me impulsa a combatir la rabia anárquica. Socialistas, anarquistas, todos son unos. El empleo mayor o menor cantidad de agua y jabón es lo único que los distingue”. La estética fue usada por los enciclopedistas franceses padres de la revolución, en cuento a la moral, Darío jamás la practicó.  
  
“Terribles zíngaros, que hablando la misma jerga exaltada se comprenden en todos los lugares, ¡como que son cabezas de una misma hidra!. Él come-ricos de Hamburgo o Barcelona siente como si fuese en su propio pescuezo la soga que ahorca al anarquista de Chicago”. Se burla de los mártires de Chicago recordados en casi todas las naciones cada primero de mayo. Recomiendo leer a este respecto “Un drama terrible”, de José Martí a quien Rubén Darío llamó “maestro”, publicado en “La Nación” de Buenos Aires el primero de enero de 1888.

“Viendo pasar los cortejos en favor de las reivindicaciones sociales, el pensador y el creyente no pueden dejar de sentirse entristecidos de la poca inteligencia que reflejan casi todas las fisonomías de los ejemplares. Abundan los ojos torvos, las grandes mandíbulas, los rasgos marcadamente zoológicos; las señales de los apetitos, los gestos codiciosos. Las faces testarudas y abobadas, limitadas, forman a menudo la mayoría. Creen seguramente que, siendo el numero son la fuerza, olvidando que la fuerza está en la inteligencia”.

Recurriendo al auxilio de lo que Jaime Balmes llama “Los talentos comparados”, escuchemos a Aristóteles: “Puede, en efecto, admitirse que la mayoría, cuyos miembros tomados separadamente no son hombres notables, está, sin embargo, por sobre los hombres superiores, si no individualmente, por lo menos en masa. En esta multitud, cada individuo tiene su parte de virtud y de ilustración, y todos reunidos forman, un solo hombre que tiene manos, pies, innumerables sentidos, un carácter moral, y una inteligencia en proporción”. Escuchemos a Máximo Gorki, de quien Darío dijera que de no haber sido un gran escritor, hubiera sido un gran bandido: “El pueblo no es sólo la fuerza creadora de todos los valores materiales: es también la única e inagotable fuerza de los valores espirituales; el primer filósofo y poeta por el tiempo, la belleza y la generalidad de la creación; el autor de todos los grandes poemas, de todas las tragedias de la Tierra, y de la más grandiosa de ellas: la historia de la cultura universal”.


Escritor y poeta
Tel.: 2268-9093




23.05.16 

jueves, 26 de mayo de 2016

LA RAZA DE CAM



LA RAZA DE CAM


Manuel Aragón Buitrago

Se especula que la raza negra desciende de Cam, hijo del bíblico Noé, de allí el origen del título de este escrito de Darío de 1908.
Un hombre cualquiera, sobre todo un escritor de renombre, debe cuidar su prestigio con igual celo que el avaro su tesoro. En mis peregrinaciones lecturales, me ha causado mucha gracia como Goethe, en su obra “Fausto”, pone en boca de Mefistófeles (el diablo), el siguiente consejo: “Y al tiempo de escribir, no os olvidéis de hacerlo como si el espíritu santo os inspirase”.

¿Cómo es posible, me pregunto, que un Darío que en sus romanzas se hace aparecer angelical, caiga sobre la raza negra con la fuerza de un alud de insultos y odios dignos del más negro corazón?

En mi longeva existencia, guardo blancos recuerdos de los negros. En Cuba, mis paisanos me hicieron sufrir mucho, en cambio, ellos me dieron el amor que me negaron los míos. Jamás olvidaré a mis africanos compañeros de habitáculo: Sogno Zondo de Simbawe, Musa Alifa de Angola, Musa Kamara de Sierra Leona, Abdulah de Malí, y el Saharahui Hamed. Me despidieron con abrazos y salieron al balcón a decirme adiós. Ahora, ¿quién iba a imaginarlo? tengo en California tres bisnietitos negros. Natalia Mugwanya, la más africana de todos con rasgos físicos étnicos bien pronunciados, yo la veo linda con los ojos de tía zorra.

Escuchemos al Príncipe de las letras castellanas profanar la lengua cervantina evacuando la cicuta racista anidada en su caótico cerebro. Como el escrito es largo y el espacio corto, citaré fragmentos.

Comienza anacrónico trasladando al siglo XX, un acontecimiento del siglo anterior como algo contemporáneo, la guerra independentista haitiana: “De Haití llegan a Francia malas nuevas. La macacada (monos) está furiosa; los pocos blancos que hay en la isla ven con temor la agitación de los naturales”. Todo estaba ya consumado, la revolución iniciada en 1791 había triunfado, y en 1804, Haití se había consagrado el primer país libre de América. ¿“Era Darío ignorante en historia”?.

“La negrada es un problema social en los Estados Unidos, constituyen allí una familia de nueve millones de individuos perversos y despechados contra el blanco…” pero, ¿por qué? El mismo Darío lo aclara: “que les ha tratado siempre con rigor y por eso ha provocado en ellos un odio profundo que se va sucediendo de generación en generación como legado hereditario”.


“Hay pastores negros, hay curas negros, ¿qué hugonote francés, cual de nuestros paisanos católicos iría a fiarse, sin risa, o con asco, a ese ministro? El sajón, el latino o el celta les rechazan, y su rechazo es bello, pues está conforme con las voluntades de la naturaleza”. “La ley –dice Aristóteles-, es la que hace a los hombres libres o esclavos, no reconociendo la naturaleza ninguna diferencia entre ellos, ya que la esclavitud es inicua, puesto que es obra de la violencia”.
“Habituados a una secular obediencia, la libertad vuelve a los negros locos de vanidad y crueldad”. Aquí el Príncipe de las letras castellanas usa mal el castellano diciendo “habituados”, en vez de “obligados”. Otro error es el de adjudicar a los negros defectos propios de todo el género humano, como son la crueldad y vanidad. De la vanidad fue él su más genuino representante.


 “La agitación haitiana coincide con las amenazas que un doctor negro hace a la raza caucásica desde una de las principales revistas de París, es un negro de los Estados Unidos, los más osados y audaces que existen sobre la tierra, un tal Tobías. En un trabajo en pro de su raza, no puede manifestarse más altivo, más insolente. Como tiene sus letras, se alza contra los amos blancos armado de ellas proclamando la superioridad negra sobre los blancos. Ya se encargarán en el país de las bandas y las estrellas de enseñar a Tobías como hablaba Zaratustra. Mas, ¿Cómo hablaba Jesucristo?”, termina desconcertado y desconcertante.

“Yo amo todo lo que mira limpiamente y habla con honestidad”, así habló Zaratustra. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”, así habló Jesucristo.

Escuchemos a Darío en “Apología de la risa”: “¡Triste don es el talento, si nos sirve para atraernos el general desprecio, o el odio! ¡Mal haya aquel que en el buen campo que Dios le dio, cultiva plantas venenosas y llenas de espinas!”. ¿Cumplió Darío con ésto?


Escritor y poeta
Tel. 2268-9093


22.05.16