martes, 20 de octubre de 2015

Darío compara al pueblo con un caníbal



17 de septiembre de 2012

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni
Darío compara al pueblo con un caníbal

Manuel Aragón Buitrago | Opinión

Apreciado Dasgespenst, gracias por tus estimulantes frases, y como tú me lo pides, sigo cabalgando, aunque “un horizonte de perros ladre muy lejos del río”. A pesar de que “la luz del entendimiento me hace ser muy comedido”, no falta quien diga que ataco a Darío cobardemente pues no puede responder, pero tampoco puede agradecer a quienes le alaban tan alegremente.

Una de las recomendaciones de la ética aristotélica es “no hacer afrentas, no herir a nadie, no injuriar a otros. Cualquier hábito del alma suele orientar su naturaleza con arreglo a aquellas cosas que pueden ennoblecerla o degradarla”. Cervantes aconseja: “Cada uno mire cómo habla o cómo escribe de las personas, y no ponga a trochemoche lo primero que se le viene al magín. Enfrena la lengua, considera y rumia las palabras antes que te salgan de la boca”.

¿Desconoció Darío estas amonestaciones? Parece que sí. ¿De dónde le nació esa fobia, esa iracundia contra el pueblo con que echó baldón a su nombre? Parece que fue emulando a Horacio, porque si en algo se diferenció de escritores serios, fue en su notoria y confesa propensión a emular a quienes él consideraba “espíritus superiores”.

Escuchemos sus denuestos: “Masas populares cerradas e ignorantes, turbas de descamisados”. “No gusto mucho del contacto popular, la muchedumbre me es poco grata con su rudeza y por su higiene”. “He de estar siempre contra la avenida cenagosa, contra la oscura onda en que hierven todas las espumas del populacho, contra el odio de abajo. No soy un poeta para las muchedumbres”.

Oigamos lo que dice en su “Abrojo XXI”, quien nunca tuvo un centavo en un banco: “He aquí el coro que entonan los vagos y los mendigos: ¡Guerra a muerte a los banqueros que repletan sus bolsillos! Regla general: Los pobres son los que odian a los ricos”. Pero el colmo a que llega en un arrebato de “delirium tremens”, es cuando en “Historia de mis libros”, cuenta: “En A Roosevelt se preconizaba la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas imperialistas de los hombres del Norte; en la poesía siguiente se considera la poesía como un especial don divino y se señala el faro de la esperanza ante las amenazas de la baja democracia y la aterrorizadora igualdad”.

Corresponde a la poesía IX de “Cantos de Vida y Esperanza”, que en una de sus partes dice: “La insurrección de abajo tiende a los Excelentes. El caníbal codicia su tasajo con roja encía y afilados dientes”. No se necesita de mucha inteligencia para comprender quién es el caníbal y quiénes son los Excelentes.

En la antigua Roma, los amos solían tener un esclavo intendente llamado “lorarius”, conocido en Grecia como “nomenclator”. Pongamos atención a lo que en la obra del comediógrafo latino Plauto “Los cautivos”, les dice un “lorarius” a los otros esclavos: “Puesto que esta es la voluntad de los dioses, es necesario que os sometáis a vuestra desgracia. No hay otra manera de endulzarla. Sé que habéis sido de condición libre, pero puesto que habéis sido hechos prisioneros, haréis vuestra servidumbre más ligera al mostraros más sumisos a la voluntad del amo. Un amo que no se equivoca nunca: y hasta el mal que nos hace debemos encontrarlo bien”.

El amo Darío tiene también sus “lorarius” que a través del tiempo se han encargado de decir a los ingenuos que “él no se equivoca nunca”, y hasta sus insultos y alfilerazos que les endilga, deben recibirlos como dulces caricias y sentirse agradecidos, y son estas pobres criaturas que no piensan por cuenta propia, quienes ya por Internet, ya por la prensa escrita, alzan su feroz vocinglería en contra de quien desea liberarlos.

Pero el excelso andaluz Antonio Machado nos dice: “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”. Siempre habrá quienes les guste que les digan que hieden, que son ignorantes, que los desprecien, y que los traten de populacho, que son turbas descamisadas, que les llamen “caníbal”. Eso no habrá quien lo evite jamás.
Dice Darío: “Además del cerdo y el cisne que nos han adjudicado ciertos filósofos, tenemos el ángel”. Este decir del poeta oxigena mi cerebro y me ayuda a comprender que muchos escritos “son inspirados por el cerdo.”


Yo aconsejaría a quienes me critican leer la “Ética” de Aristóteles, “Las fuerzas morales” de José Ingenieros, y “Pedagogía del oprimido” de Paulo Freire. Quizá así podrían entrar en razón y aprender a tener un poco de autoestima, de amor propio, y guardarse sus insultos para quien les ofende, y no para quien los defiende.


*Escritor autodidacta. Te. 2268-9093

El veneno de las víboras.



10 de noviembre de 2012
O de serpientes que se muerden la cola
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

El veneno de las víboras
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


¿Quién es Cam? Uno de los hijos del bíblico Noé. Se especula ser el padre de la raza negra. ¿Quién tiene la culpa de que haya seres de diversos colores, como las florecillas del campo? Rebelarse contra esto, es hacerlo contra la naturaleza. ¿De dónde le nació a Darío ese visceral odio hacia la raza negra? porque la ataca con saña vesánica. Su artículo contiene un veneno más letal que el de la víbora más ponzoñosa, con el agravante de que esta es un animal que ataca por instinto defensivo, y Darío un ser inteligente, “Príncipe de las letras castellanas” y otros aditivos rimbombantes.

Cuando leo a Martí, Steinbeck, Sartre, y a otros defensores de una raza tan sufrida, siento alivio y paz en mi corazón, y veo con tristeza a Darío solitario en el sótano de la vileza, solamente acompañado de su patológica misantropía.

Si mis escritos contra lo inicuo contienen veneno, de Darío lo aprendí. Hay un veneno que mata y otro que cura. El suero antiofídico se elabora con veneno extraído de la víbora.
Rubén va a la guerra, pero no a una guerra de fusiles y cañones, sino a una en donde el arma ofensiva es el verbo, el logos, la palabra, como dijera Ortega y Gasset, pero el Príncipe de las Letras Castellanas se siente débil, no encuentra en su arsenal léxico, artillería pesada con que macerar a la raza negra, y entonces, hoza en el cieno de la literatura en busca de quienes, como él, están poseídos de pasión negrofóbica para que le acompañen en la aventura, y pronto los encuentra en las tinieblas del mundo infrahumano.

Son ellos, calificados por él: el argentino Damián Lan, “estimado escritor”; el ecuatoriano Juan Montalvo, “poderoso príncipe del estilo”; el brasileño doctor Roxo, “de sabia memoria”, y el francés Rémy de Gourmont (uno de sus dioses) “de sabia opinión”. Acompañado de esta falange se siente fortalecido y se lanza al ataque. Escuchemos sus diatribas:

“De Haití llegan a Francia malas nuevas. La macacada (monos) está furiosa. Las agitaciones haitianas coinciden con las amenazas que un doctor negro hace a la raza caucásica desde una de las principales revistas de París. Ese doctor negro es de los negros de los Estados Unidos, los más osados, los más audaces que pueden existir sobre la superficie de la tierra. El escritor negro de que hablo –un tal Tobías --, en un largo trabajo en pro de su raza, no puede manifestarse más altivo, más insolente. Como tiene sus letras y sus ciencias, se alza contra los amos, armado de ellas y proclama, no la igualdad, sino la superioridad intelectual y física. Dice: “Tenemos mucho más imaginación”. Y señala como síntoma de decadencia, los dientes cariados, y las cabezas calvas de muchos anglosajones, ante las bien provistas mandíbulas y las tupidas cabezas de los libertos de ébano. Estamos lejos del excelente Domingo de Robinson Crusoe, del famoso “Tío Tom” y de los gratos esclavos de las familias de la Colonia. El romanticismo lo hermoseó todo, hasta los negros. Víctor Hugo crea a Bug-Jargal, y Lamartine sublimiza a Toussaint-Louverture.

En realidad, es el heroísmo el que apenas salva al pobre hijo de Cam del ridículo que trae como fatal herencia desde el vientre materno. El talento mismo es en ellos escaso. Habituados a una secular obediencia, a una tradicional pasividad, la libertad vuelve a los negros locos de vanidad y de crueldad. Su imaginación – tienen imaginación, dígalo el prodigioso Alejandro Dumas – les hace concebir una fantástica vida llena de jolgorios y alegrías, antes solamente permitidas a los aborrecidos blancos.

La vanidad que les es característica –no hay vanidad como la del piel oscura--, les induce a imitar los gestos y maneras del caballero blanco, del antiguo patrón”.

Sí hay muchas obras “delante de las cuales el pensamiento no encuentra vía”, como lo dice el mismo Darío, esta es una de ellas. Es un discurso lleno de contradicciones. Que cada quien juzgue su contenido de acuerdo a su corazón y conciencia. Darío es un caso paranormal digno del estudio de la parapsicología, ya que nación el mismo año que el Ku-Klux-Klan en los Estados Unidos, 1867

* Escritor autodidacta

Tel. 2268-9093

EL ESTADO Federico Nietzsche.




EL ESTADO

Federico Nietzsche

“En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abrid los oídos, pues voy a deciros mi palabra sobre la muerte de los pueblos: Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: “Yo, el Estado, soy el pueblo”.

¡Es una mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.

Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.


Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.

Esta señal os doy: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje en costumbres y derechos. Pero el Estado miente en todas las lenguas, y diga lo que diga, miente, y todo lo que posee, lo ha robado. Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ése mordedor. Falsas son incluso sus entrañas.

Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!

Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado! ¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora, los masca y los rumia!

“En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios”, así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas ante él! ¡Ay, también en vosotros los de alma grande susurra él sus sombrías mentiras!

¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío monstruo gusta de calentarse al sol de buenas conciencias! Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis. ¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados!

Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de veneno. Estado, al lugar donde todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos, se llama “la vida”.

¡Ved pues a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres. Quieren poder,  sí, en primer lugar, “la palanqueta del poder”, mucho dinero, ¡esos pobres insolventes! Enfermos están siempre, vomitan su bilis en lo que llaman periódico. Se devoran unos a otros y ni siquiera se digieren. ¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad.

Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer ¡que la felicidad se asienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se asienta en el trono, y, también a menudo, el trono se asienta en el fango. Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores. Su ídolo, el frio monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos servidores del ídolo.

¡Apartaos de mal olor! ¡Alejaos de esos sacrificios humanos! Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos. Aún hay una vida libre a disposición de las almas nobles. En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!

Nota. Copiado por Manuel Aragón Buitrago de “Así habló Zaratustra”. Cualquier parecido con la Nicaragua actual es pura coincidencia.


Managua, 2 de Julio 2014

domingo, 11 de octubre de 2015

Dario confiesa no haber sido genio



31 de marzo de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Darío confiesa no haber sido genio
“Darío le dio su espalda al destino que le sonrió y no sufrió más males de los que él mismo se propició. El nayarita Amado Nervo tiene razón al afirmar que cada quien es arquitecto de su propio destino”
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


Todos los años durante las efemérides darianas, proliferan en los diarios artículos cuyos autores parecieran no pensar lo que dicen sin temor al antiguo legislador que llaman vulgo. Exhibiendo una pasión muy apasionada y craso desconocimiento, dicen cosas reñidas con la verdad. No los culpo, también yo pase por esa etapa, superada mediante exhaustivo estudio de la obra del poeta.

Este año dice uno de ellos: “Creo que Darío debió haber preferido haber nacido en París, en Madrid o Alemania, quizás otro destino le hubiera sonreído, talvez si hubiera sido europeo no hubiera sufrido tantas humillaciones, y el mundo lo hubiera reivindicado junto a Víctor Hugo y Paul Verlaine, que percibieron en él un genio que los eclipsaba en el universo de las letras”.

¡Cuánta desorbitada pasión para un pequeño párrafo! Darío le dio su espalda al destino que le sonrió y no sufrió más males de los que él mismo se propició. El nayarita Amado Nervo tiene razón al afirmar que cada quien es arquitecto de su propio destino. En cuanto a lo otro, ni Neruda nació en Santiago, ni Vallejo en Lima, ni Miguelito Hernández, el humilde pastor de ovejas de Orihuela, en Madrid.

José Enrique Rodo al hablar de Ambato, lugar de nacimiento de Juan Montalvo, el de las pepitas de oro en prosa, nos dice: “Habíale señalado el destino para cuna de uno de esos hombres que  ennoblecen el oscuro y apartado lugar donde vinieron al mundo”. Igual caso es el de Leonardo da Vinci que inmortalizó el humilde villorrio florentino de su nacimiento a la orilla del río Arno. El escritor pareciera ignorar que según Cervantes, “los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos”.

Víctor Hugo jamás supo quién fue Darío y, cuando Darío quiso hablar con Verlaine, este estaba enbaquecido balbuceando incoherencias alcohólicas. Rubén más bien se valió del romanticismo huguesco para algunos de sus trabajos, lo admiró tanto que llegó a calificarlo de dios, “el dios Hugo” de Verlaine dice: “Aprendí el son de la siranga de Verlaine y el de sus clavicordios pompadour”. El genio crea, no imita. Genios fueron homero, Da Vinci, Miguel Ángel, Cervantes. “Soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que me sé decir sin ellos”, apunta Cervantes.

Darío fue ecléctico. En su artículo “Los colores del estandarte” (tomo IV, págs. 872/882, obras completas, Afrodísio Aguado) confiesa: “En Europa conocí a algunos de los llamados decadentes, elegí a los que me gustaron para mi alambique”. “Catulle Méndez fue mi verdadero iniciador”. “Paul Groussac con sus críticas teatrales del diario La Nación, fue quien me enseñó a escribir mal o bien, como hoy escribo. Es la verdad: delante de la autoridad magistral, delante de los espíritus superiores, soy modesto y respetuoso”. “A cada cual le aprendía lo que cuadraba a mi sed de  novedad y a mi delirio de arte los elementos que constituirían después de un medio de manifestación individual”, y termina contradictorio: “y el caso es que resulté original”. Original, dice el Larousse: “que pertenece a él, propio, único. Escritor original, que produce sus obras con espontaneidad”.

En Palabras Liminares de Prosas Profanas, dice Darío: “Yo no tengo literatura mía para marcar el rumbo de los demás: mi literatura es mía en mí; quien siga servilmente mis huellas perderá su tesoro personal y, paje o esclavo, no podrá ocultar sello o librea.

Wagner, a Augusta Holmes, su discípula, dijo un día: lo primero no imitar a nadie y sobre todo a mí”. !Gran decir!”. Extraño consejo en labios de quien confiesa haber seguido los pasos de tantos escritores, llegando hasta decir: “el mejicano Díaz Mirón, a quien imitara en ciertos versos agregados en ediciones posteriores de Azul”.

En Historia de mis libros al hablar de Azul y Prosas Profanas, Darío es prolijo en confesar haberse valido de todas las escuelas literarias vigentes. “Seguir una escuela –dice José Ingenieros– es la manera infalible de no tener estilo personal”.

“Los darianos –afirma el argentino Raúl González Tuñón en su obra “La Literatura Resplandeciente”– han hecho mucho daño a Darío.
Por aclaración: genio, persona que tiene habilidad extraordinaria para realizar algo, que tiene capacidad, creatividad. Ser sobre- natural. Autosuficiente.

* Escritor autodidacta




9 de junio de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni


Darío traiciona al doctor Rafael Zaldívar
Manuel Aragón Buitrago | Opinión
Como escritor aficionado, he hecho mío el juramento de Tolstoi de “no mentir hablando ni mentir callando”. Aquí, respecto a Darío, se le ha mentido demasiado al pueblo callando. “Se puede engañar a todo el pueblo durante algún tiempo. A una parte del pueblo se le puede engañar siempre, pero no se puede engañar siempre a todo el pueblo”. Así pensaba Abraham Lincoln.

En 1782, en la primavera de sus 15 años, llega Darío a El Salvador y relata: “Gobernaba este país el doctor Rafael Zaldívar, hombre culto, hábil, tiránico para unos, bienhechor para otros, y a quien, habiendo sido mi benefactor, y no siendo yo juez de historia en este mundo, no debo sino alabanzas y agradecimientos”.

“Cuando llegué al hotel, al poco rato, me dijeron que el director de Policía deseaba verme. Se me entregaron 500 pesos plata, obsequio del Presidente. Al día siguiente por la mañana, estaba yo rodeado de improbables poetas adolescentes, escritores en ciernes y aficionados a las musas. Ejercía de nabab. El esplendor duró hasta la tarde y llegó la noche”.

Cuando en 1885 el general Francisco Menéndez derrocara al doctor Zaldívar, “benefactor” de Darío, este se pasa al lado del general golpista y oigamos lo que dice de él: “Era Francisco Menéndez, presidente (de facto) de la República, al par que militar de mérito, conocido agricultor y hombre probo”. “La verdad que yo estaba satisfecho con mi conducta. Menéndez me nombró director del diario La Unión y estaba remunerado con liberalidad”.

Tal acción de Darío es duramente criticada por el cubano Alejo Carpentier en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Cubanos celebrado en La Habana en 1961.

“De gente bien nacida es agradecer –dice Cervantes- los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”.

“La ingratitud –sentencia Jonathan Swift- es un crimen capital. Aquel que paga con maldad a su bienhechor ha de ser necesariamente un enemigo común del resto de la humanidad que no le ha hecho beneficio alguno, y, por tanto, tal hombre no es a propósito para esta vida. La traición comienza en el corazón antes de manifestarse en actos descubiertos”.

El calificativo de “probo” que da Darío a Menéndez me ha motivado a consultar el diccionario, y este me da un sinnúmero de acepciones que contradicen la conducta del general: “Cabal, claro, cumplidor, decente, delicado, digno, estimable, ecuánime, honesto, intachable, honrado, recto”. Pareciera que “el Príncipe de las Letras Castellanas” no dominaba en ese entonces muy bien el castellano.

Unamuno, con la dureza que le caracterizaba, expresó: “Porque puede uno tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Un escritor no puede ser tan grande teniendo defectos morales, y sobre todo muy graves”.
El pudor lo define Aristóteles como “cierto temor a sufrir un desprestigio”. Cualquier hábito del alma –dice- puede orientar su naturaleza con arreglo a aquellas cosas que pueden ennoblecerla o degradarla”.

A lo largo de sus escritos se descubre que Darío no conoció el pudor. Si el poeta fue un hombre sin moral, no deseo juzgarlo yo, este juicio se lo remito al lector, pero, todos y cada uno de nosotros debe tener conciencia de que nuestros actos son producidos por nuestra voluntad.

En la introducción a las Obras Completas de Darío editadas por Afrodisio Aguado en Madrid, España, dice el editor: “Rubén era ya entonces lo que continuó siendo toda su vida, dado a amoríos y al alcohol, impetuoso y bravucón, inconstante y pendenciero, aunque con un corazón de niño irresponsable”.

Moraleja. “Si recoges a un perro moribundo y lo haces feliz, no te morderá. Esta es la diferencia principal que hay entre un hombre y un perro”. Mark Twain.


* Escritor autodidacta

Tel. 2268-9093

jueves, 8 de octubre de 2015

Un manifiesto.

18 de agosto de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni


Un manifiesto
Manuel Aragón Buitrago | Opinión

Contrariando al doctor Jorge Eduardo Arellano de que mi conocimiento de la cultura dariana es “limitadísimo e incompleto”, continúo con mi crítica calificada de “necia” por otro de los devotos del poeta.

Quienes hayan leído la crítica de Darío a grandes de la literatura como Aristóteles, Swift, Zolá, Nietzsche, Whitman, Bello y otros, sabrán que ella fue arbitraria, necia, atrevida, desacertada, injusta e inconsistente, y algunas tan groseras como las de Zoilo a Homero.

Cuando en 1896 le piden a Darío en Buenos Aires su Manifiesto, responde no considerarlo fructuoso ni oportuno, y da sus razones: “a) Por la absoluta falta de elevación mental de la mayoría pensante de nuestro continente; b) Porque la obra colectiva de los nuevos de América es aún vana, estando muchos de los mejores talentos en el limbo de un completo desconocimiento del mismo arte al que se consagran”.

Estas declaraciones del bardo no podrán ser calificadas por quienes tienen sus neuronas en orden, más que de soberbias e irrespetuosas, aplaudidas y celebradas solamente por dementes e ignorantes.

El vasco don Miguel de Unamuno, hombre de otro continente, era más conocedor de los talentos existentes en América, que nuestro pobre y fatuo panida. En su artículo “El Pedestal”, de su obra “Soliloquios y conversaciones”, cuenta don Miguel:

“Tengo a la vista uno de los libros, para mí, más excitantes, uno de aquellos que más reflexiones y comentarios me sugieren. Es el libro “Moral para intelectuales”, colección de las conferencias que en 1908 dio el doctor Carlos Vaz Ferreira (1873-1958) en la sección de enseñanzas secundarias de la Universidad de Montevideo. No es un libro escrito, sino hablado, y esto constituye para mí su mayor encanto. Se siente en él hablar al hombre. Y este hombre Vaz Ferreira, me está resultando un hombre singular. Constituye desde hace algún tiempo una de mis preocupaciones. Su labor es hoy, la labor acaso más interesante que conozco por esos pagos. Él, Rodó y Zorrilla de San Martín, constituyen una terna que honraría a cualquier país culto”

Darío dice otra cosa, y siempre ingrato, en su artículo “Los colores del estandarte”, llama loco a Rodó, que le hizo su prólogo a “Prosas Profanas” y dedicara sus loas a “Sonatina”. Le llama “el enigmático y terrible loco montevideano”, quizá porque acertadamente dijera que “Darío no era el poeta de América”.

En su artículo “Don Quijote y Bolívar”, Unamuno nos habla de otro talento, el venezolano José Gil Fortoul (1862-1943), autor de la “Historia Constitucional de Venezuela”, editada en Berlín. “Ni Sarmiento, ni Bilbao, ni Martí, ni Bello, ni Montalvo” –dice Unamuno– “son los escritores de una u otra parte de América, sino los ciudadanos de la intelectualidad americana”.

Mientras don Miguel estaba enterado del movimiento literario que se desarrollaba en América y de sus protagonistas, Darío manifiesta ignorarlo, autoproclamándose el exclusivo demiurgo designado por Apolo para imperar en América.

Para él no existían los mejicanos Juan de Dios Peza, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, ni el peruano Ricardo Palma. Solo él era el campeón.

“El que vive en su credo autocrático” –acota Martí– es lo mismo que una ostra en su concha, que solo ve la prisión que la encierra, y cree en la oscuridad que aquello es el mundo”. Cyrano de Bergerac es el arquetipo de nuestro poeta. Mediante un sorites, solía decir: “Soy el mejor estudiante del colegio X, el colegio X es el mejor colegio de París, París es la mejor ciudad de Francia, Francia es la mejor nación del mundo, luego yo soy el mejor estudiante del mundo todo”.

“El mayor de todos los peligros para el hombre” – advierte Martí – “es el empleo total de su vida en el culto ciego y exclusivo de sí mismo”, y en esta práctica fue diluviano quien creyó tener manos de marqués y vivió temiendo a “la aterrorizadora igualdad”. Estemos pues orgullosos de tener nuestro Cyrano de Bergerac criollo.

* Escritor autodidacta






EXORDIO A “UN MANIFIESTO”


MANUEL ARAGÓN BUITRAGO


Cuando el 9 de Julio del 2012 se me brindó a mí, un hijo del pueblo, la oportunidad de dar una conferencia en el Teatro Nacional Rubén Darío, me tocó enfrentarme al connotado dariano Dr. Jorge Eduardo Arellano. Fue el enfrentamiento de un David contra un Goliat, qué, anunciado por los diarios, despertó natural expectativa, más, como en el bíblico relato, el gigante Goliat fue vencido por el débil David, que esgrimiendo su divisa: “Soy un combatiente del pueblo armado de argumentos explosivos”, supo manejar dialécticamente la honda de sus conocimientos darianos.

Desgespenst, uno de los comentaristas a mis artículos de la Página de Opinión de El Nuevo Diario, comenta: “Lo que ha existido son más aduladores de Darío que admiradores, más fanáticos que estudiosos, es por eso qué, cuando aparece Aragón Buitrago tratando de exponer un ángulo diferente “que está contenido en los escritos de Darío”, aparecen en coro desafinado los aduladores y fanáticos, horrorizados por el sacrilegio de Aragón Buitrago, pues toca al mito con las manos sucias de un autodidacto, se atreve a ponerle unas cuantas nubes negras al intocable y refinado Rubén”.

El Dr. Arellano abandonó el teatro intempestivamente, muy a pesar de suplicarle no lo hiciera, pero tuvo la nobleza, al siguiente día, temprano por la mañana, de hablarme para felicitarme, enviándome además, por medio de nuestro común amigo, Ing. Bayardo Cuadra, dos de sus libros, uno de ellos con hermosa y laudable dedicatoria.


Managua, 23 de abril de 2014


La protesta de la musa.

29 de septiembre de 2012

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

La protesta de la musa
Manuel Aragón Buitrago | Opinión
Para apuntalar mis críticas a Darío, he encontrado un cuento de José Asunción Silva (1865-1896), el poeta suicida, a quien Darío llamara “admirable colombiano”, y que él tituló “La protesta de la Musa”. Por su argumentación pareciera que el cuento fue inspirado en Silva al leer los escritos groseros de Darío, y de tratarse de una casualidad, de todas formas le cae a Rubén como anillo al dedo. Escuchemos a Silva:

“En el cuarto sencillo y triste, cerca de la mesa cubierta de hojas escritas, la sien apoyada en la mano, la mirada fija en las páginas frescas, el poeta satírico leía su libro. La oscuridad del aposento se iluminó de una luz diáfana de madrugada de Mayo; flotaron en el aire olores de primavera, y la Musa, sonriente, blanca y grácil, surgió y se apoyó en la mesa tosca, y paseó los ojos claros, en que se reflejaba la inmensidad de los cielos, por sobre las hojas recién impresas del libro abierto.

¿Qué has escrito? -le dijo.

Yo he hecho –contestó, y la voz le temblaba como la de un niño asustado y sorprendido- he escrito un libro de sátiras, un libro de burlas. No he sentido tu voz al escribirlo, y me han inspirado el Genio del odio y el Genio del ridículo, ambos me han dado flechas que me he divertido en clavar en las almas y en los cuerpos, y es divertido. Musa, tú eres seria y no comprendes estas diversiones; tú nunca te ríes; mira, las flechas al clavarse herían y los heridos hacían muecas risibles y contracciones dolorosas, y me he reído. Musa, ríe conmigo. Y el poeta satírico se reía al decir esas frases, a tiempo que una tristeza grave contraía los labios rosados y velaba los ojos profundos de la Musa.

¡Oh profanación! -murmuró ésta, paseando una mirada de lástima por el libro impreso y viendo el oro- ¡oh profanación!, ¿y para clavar esas flechas has empleado las formas sagradas, los versos que cantan y que ríen, los aleteos ágiles de las rimas, las músicas fascinadoras del ritmo? La vida es grave, el verso es noble, el arte es sagrado. Yo conozco tu obra. Has removido cieno y fango donde hay reptiles, reptiles de los que yo odio. Yo soy amiga de los pájaros, de los seres alados que cruzan el cielo y los inspiro cuando en las noches claras de julio dan serenatas a las estrellas desde las enramadas sombrías; pero odio a las serpientes y a los reptiles que nacen en los pantanos. ¿Por qué te ríes? ¿Por qué has convertido tus insultos en obra de arte? Tú podrías haber cantado la vida, el misterio profundo de la vida; la inquietud de los hombres cuando piensan en la muerte; las conquistas de hoy; la lucha de los buenos. ¿Por qué has visto las manchas de tus hermanos? ¿Por qué has contado sus debilidades?¿Por qué te has entretenido en clavar esas flechas, en herirlos, en agitar ese cieno, cuando la misión del poeta es besar las heridas y besar a los infelices en la frente, y dulcificar la vida con sus cantos, y abrirles, a los que yerran, las puertas de la Virtud y del Amor? ¿Por qué has seguido los consejos del odio? ¿Por qué has reducido tus ideas a la forma sagrada del verso, cuando los versos están hechos para cantar la bondad y el perdón, la belleza de las mujeres y el valor de los hombres? Y no me creas tímida. Yo he sido también la Musa inspiradora de las estrofas que azotan como látigos y de las estrofas que queman como hierros candentes. Yo soy la Musa Indignación que les dictó sus versos a Juvenal y al Dante. Yo canto las luchas de los pueblos, las caídas de los tiranos, las grandezas de los hombres libres..., pero no conozco los insultos ni el odio. Quédate ahí con tu Genio del odio y con tu Genio del ridículo.

Y la Musa grácil y blanca, la Musa de labios rosados, en cuyos ojos se reflejaba la inmensidad de los cielos, desapareció del aposento, llevándose con ella la luz diáfana de alborada de Mayo y los olores de primavera, y el poeta quedó solo, cerca de la mesa cubierta de hojas escritas, paseó una mirada de desencanto por el montón de oro y por las páginas de su libro satírico, y con la frente apoyada en las manos sollozó desesperadamente”.

Cualquier parecido de este poeta con Darío es mera coincidencia.


* Escritor autodidacta

La literatura y las artes tienen sus leyes.




6 de octubre de 2012
Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni




La literatura y las artes tienen sus leyes
Manuel Aragón Buitrago | Opinión


Según Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (1689 – 1755), autor de “El Espíritu de las Leyes”, todas las cosas tienen sus leyes: “El mundo material –dice– tiene sus leyes, los animales tienen sus leyes, el hombre tiene sus leyes”. A lo que podemos agregar que, la literatura y la poesía tienen sus leyes. La ética, la estética y la dianoética, son sus leyes.

Dice Aristóteles: “La ética es la descripción de los comportamientos y de las consecuencias morales que se derivan de ellos, es virtud moral. El sujeto ético se gobierna a sí mismo. La virtud ética no puede ser comprendida por vía del entendimiento, sino por su ejercicio. Practicando ejercicios virtuosos es como se accede a ella. Entre las desviaciones éticas pueden citarse: la incontinencia, la intemperancia, las pasiones, el desenfreno, la desvergüenza, etc. Es propio del hombre ruin incurrir siempre en acciones vergonzosas, y si la desvergüenza es cosa reprobable, también lo es cometer acciones vergonzosas. La estética es la teoría de la sensibilidad que trata de la belleza y de los sentimientos que hacen nacer lo bello en nosotros”.


Por eso, cuando Sócrates y sus amigos están formando la República utópica de Platón, dice Sócrates: “Examinaremos más adelante con Demón qué medidas expresan la bajeza, la insolencia y los demás vicios, así como las que convienen a las virtudes opuestas. El género de la dicción y el discurso expresan el carácter del alma, por consiguiente, la belleza, la armonía y la gracia del discurso, son la expresión de la bondad del alma, el carácter de un alma cuyas costumbres son verdaderamente bellas y buenas. La falta de gracia, de belleza y de armonía, es la señal ordinaria de un mal espíritu y de un mal corazón, así, las cualidades opuestas, son la imagen y la expresión de un espíritu y de un corazón bien formados. Bastará pues, que vigilemos a los poetas, precisándoles a que nos presenten en sus versos un modelo de buenas costumbres”.

Cervantes ilustra: “Si el poeta fuera casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos”. Jesucristo sentenció. “De la abundancia del corazón habla la boca”. Don José Ortega y Gasset, de quien dijera Darío que “sus pensares le halagaban”, manifiesta: “Los hombres del decir, del logos, han usado de él sin respeto ni precauciones, sin darse cuenta que la palabra es un sacramento de muy delicada administración”. Aristóteles instruye: “La dianoética es considerada virtud intelectual. La sabiduría, la inteligencia y la prudencia son dianoéticas”.

Y, ¿qué es virtud? Responde Sócrates: “La verdadera virtud es la purificación de toda clase de pasiones, la virtud no es verdadera más que unida a la sabiduría, independiente de las voluptuosidades y de todas las demás pasiones”. ¿Fue Darío virtuoso?
Las reglas citadas fueron frecuentemente violadas por Darío. Sentenciaba Unamuno: “Podemos tener un gran talento, lo que llamamos un gran talento, y ser un estúpido del sentimiento y hasta un imbécil moral. Un escritor no puede serlo muy grande teniendo defectos morales y hasta muy graves”.

Combatirme con encono fundamentalista, sin razonar, equivale a combatir a las autoridades citadas, es decir, navegar a barlovento de la razón. Acota Aristóteles: “La pasión no puede ser persuadida por la razón, ya que no se ha instaurado en el alma humana como consecuencia de la razón”. Proclama Moliére: “Los enamorados aman hasta los defectos del ser de su elección”. Pero la ignorancia en maridaje con la pasión, jamás podrá vencer al binomio ilustración-razón.

* Escritor autodidacta

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